Saturday, 13 April 2013

Un Secreto Muy de Familia

The Distant Hours representa en la carrera de Kate Morton un momento de madurez y asunción de un nuevo dominio de su técnica narrativa. Esto lo he podido colegir de la comparación entre su destreza como narradora en The Forgotten Garden y en The Distant Hours. The Distant Hours es con mucho una novela sumamente más cohesionada, los cabos argumentales están mucho mejor atados, la plausibilidad de la historia es más certera. Kate Morton se acerca aquí mucho más que en The Forgotten Garden a conferir un trasfondo temático unitario a su historia. No se trata de narrar y enlazar anécdotas por el mero placer de hacerlo, con la vista puesta únicamente en proporcionar emociones y entretenimiento al lector, como en The Forgotten Garden. El trasfondo de The Distant Hours versa sobre el tema de los secretos familiares, la manera en que la desconfianza respecto a nuestros seres más allegados puede hacer germinar las raíces del malicioso hábito de ocultar importantes aspectos de nosotros mismos a aquellas personas que en teoría estarían mejor situadas para ayudarnos a conseguir nuestros propósitos.

Es así que cuando una misteriosa carta llega a la residencia de la familia Burchill un día de finales de febrero de 1992 con cincuenta y un años de retraso, Edie empieza a comprender que hay aspectos en el pasado de su madre que desconocía por completo. Cuando su madre Meredith le hace saber que durante la segunda guerra mundial fue evacuada por espacio de algo más de un año al castillo de Milderhurst en Kent, se trata sólo del comienzo de la misteriosa fascinación de la joven Edie – una mujer de treinta años que trabaja en la pequeña firma editorial Billing & Brown y que acaba de dar por terminada la relación sentimental más importante de su vida – va a sentir hacia el castillo de Milderhurst y sus extravagantes ocupantes, las tres ancianas hermanas Blythe: Percy, Saffy y la perturbada Juniper.

De modo similar a The Forgotten Garden, The Distant Hours hace uso de un tiempo narrativo múltiple. En el caso de The Distant Hours las dos principales acciones, separadas en el tiempo, tienen lugar, por un lado, en el año 1992 – año en el que Edie Burchill conduce sus pesquisas para desentrañar el secreto de Milderhurst Castle – y, por otro, entre septiembre de 1939 y el 29 de octubre de 1941, cuya fatídica noche significó el punto de inflexión en la salud mental de la cautivadora Juniper, a raíz de la aparente deserción de su amado Thomas Cavill a la cena familiar en la que iban a anunciar su compromiso.

Desentrañar qué ocurrió realmente aquella noche de 1941 se convertirá en el principal empeño de Edie Burchill, y, a la par, el lector se embarcará en su propio viaje a través del tiempo, trasladándose primero a la tarde que precedió a los misteriosos eventos de aquella noche de octubre de 1941, para llegar a conocer al detalle las preparaciones que las dos hermanas gemelas, Percy y Saffy, realizaron para la velada. Así somos sumergidos en la densa atmósfera de una vida familiar marcada por secretos hondamente enterrados, el recelo y la represión. ¿Por qué afecta tanto a Percy su encuentro con su antigua ama de llaves Lucy Middleton, ahora Lucy Rogers? ¿Por qué Saffy se tiene que ocultar en la oficina del mayordomo para leer su correspondencia? ¿Por qué se siente justificada Saffy al leer a escondidas la especialmente reveladora anotación en el diario de Juniper? ¿Por qué no desea Percy que Saffy conozca que se cartea con su prima Emily?

Edie no conocerá estos detalles, pero sí se dará cuenta de que la estancia de su madre en Milderhurst la transformó para siempre. En Milderhurst Meredith, una niña londinense de clase trabajadora, descubrió la plasmación de sus más ocultos anhelos por una educación superior, en un entorno privilegiado y con acceso directo a sus amados libros y a todo nuevo tipo de saberes, en el que incuba su deseo frustrado de escribir y convertirse en periodista, de la mano de las hermanas y en especial bajo la tutela de Juniper, que escribe habitualmente y pronto se convertirá en su mejor amiga.

La enfermedad de Milderhurst, el amor a los secretos, fue adquirida por Meredith y, en apariencia, involuntariamente heredada por Edie, que se encuentra a sí misma leyendo clandestinamente la correspondencia que su madre envió a casa desde Milderhurst, que se encuentra oculta en una vieja caja de pantuflas y es facilitada por su tía Rita. Al mismo tiempo, y debido a su mudanza temporal al hogar familiar, Edie tiene la oportunidad de ahondar en la relación con su padre, que está convaleciente de un infarto. Su padre siempre ha sido receloso de la pasión de Edie por los mundos de ficción. Sin embargo, de mano de la lectura conjunta de El Hombre de Barro, el clásico de la literatura juvenil escrito por Raymond, el padre de las hermanas Blythe, descubrirá por sí mismo los placeres de la literatura.

Cuando su padre pide a Edie que le revele de antemano los detalles de la trama de La historia del Hombre de Barro, ésta le contesta que hay una especie de pacto tácito entre el escritor y el lector por el que éste no debe revelar secretos argumentales sin más, y no seré yo quien descubra el sorprendente desenlace de The Distant Hours. Baste decir que al final el secreto de lo que realmente sucedió se queda enterrado con las hermanas, pues el descubrimiento que Edie Burchill realiza sobre los hechos de aquella noche no es más que una versión imperfecta de la realidad. El secreto de la familia Blythe, tal como su patriarca habría preferido, se queda en la familia y ya ni siquiera los susurrantes muros del castillo que cantan a las horas distantes podrán desvelarlo.

Sunday, 13 January 2013

un fragmento de Edith Wharton



Sigo disfrutando examinando traducciones del inglés al español y realizando mis pequeños ejercicios. Hoy he traducido este fragmento de una novela de Edith Wharton que sospecho que puede ser The House of Mirth, aunque no lo he verificado. Desde luego que me ha inspirado a intentar conseguir la novela.


El día después
por Edith Wharton

Una de las cosas más extrañas que iba más tarde a rememorar de entre todas las peculiaridades del día después era la repentina y completa recuperación de su seguridad en sí misma.

Estaba en el aire cuando se despertó en la oscura habitación de techo bajo. La acompañó escaleras abajo hasta la mesa del desayuno, destelleó ante ella desde la chimenea, y reverberó desde los costados de la urna y las robustas estrías de la tetera georgiana. Era como si, de alguna manera, todos sus temores difusos del día anterior, con su concentración más aguda alrededor del artículo del periódico – como si este vago cuestionamiento del futuro, y sobresaltado retorno al pasado, hubiesen entre los dos liquidado los plazos de una inquietante obligación moral. Si había descuidado los asuntos de su esposo había sido, su nueva sensación parecía probar, porque su fe en él intuitivamente justificaba ese descuido; y el derecho de él a su fe se había ahora afirmado ante la viva representación de la amenaza y la sospecha. Nunca le había visto ser más natural e inconscientemente él mismo que después del interrogatorio al que le sometió: era casi como si él hubiese sido consciente de sus dudas, y hubiese querido que las cosas se aclarasen tanto como ella.

Estaba tan claro, gracias a Dios, como la reluciente luz exterior que la sorprendió casi con una sugerencia del verano mientras salía de la casa para realizar su inspección diaria de los jardines. Había dejado a Boyne frente a su escritorio, permitiéndose disfrutar, mientras pasaba junto a la puerta de la biblioteca, de un último vistazo a su rostro sereno, mientras él se inclinaba, con la pipa en la boca, sobre sus papeles; y ahora ella tenía su propia tarea mañanera que llevar a cabo. La tarea traía consigo, en encantadores días de invierno como éste, casi tantos alegres paseos por las diferentes esquinas de la propiedad como si la primavera ya hubiese llegado. Se extendían tales interminables posibilidades ante ella, tales oportunidades de traer a la luz los ocultos encantos del viejo lugar, sin necesidad de realizar una sola irreverente alteración, que el invierno se hacía demasiado corto para planear todo lo que la primavera y el otoño ejecutaban de por sí. Y su recobrada confianza en sí misma le dio, en esta mañana particular, un peculiar placer a su progreso a través del bonito y tranquilo lugar. Primero se dirigió al jardín de la cocina, en cuyas paredes los perales proyectaban complicados dibujos, y las palomas revoloteaban y se acicalaban sobre las plateadas tejas de su palomar.

Sunday, 16 December 2012

El mismo pueblo, otro mar



Correspondencia privada ha sido el libro de Esther Tusquets que necesitaba para leerlo en primer lugar, de entre todos los de su apetecible obra, puesto que yo antes de leer sus historias noveladas quería conocerla a ella, deseaba obtener una fotografía, una reproducción rápida y asimilable de su persona, y aquí son cuatro las instantáneas, tal cual el retrato warholiano de Marilyn, cuatro veces el mismo rostro disparado con una combinación de colores diferentes en cada ocasión.

Estos cuatro autorretratos son progresivos: el primero - la infancia, la familia, las raíces -, el segundo - la adolescencia, el Colegio Alemán, el profesor de literatura -, el tercero - la universidad, la infracción con su grupo social -, el cuarto - el amor y la fertilidad, la maduración personal, no exenta del reconocimiento de las limitaciones de la felicidad y del amor.

En la contraportada se nos alerta de que estas cartas combinan elementos reales y ficticios. Me resultaría a mí imposible separar lo posible de lo imposible de entre lo que he leído. Se me antoja que las cuatro instantáneas reproducen certeramente su objeto: la propia autora. Y es así que se me hace una idea muy sugerente el que la imaginación pueda aliarse con la realidad para devolvernos la imagen más fiel al meollo de nuestras vidas.

Hay quien ha dicho que se conoce casi más a un sujeto, en su autobiografía, por sus mentiras que por sus verdades, y no seré yo quen lo discuta ni quien se esfuerce por desentrañar lo cierto de lo incierto en la materia de las aventuras vitales y elucubraciones personales de estas cartas.

La autora pretende recrearse a sí misma ante cuatro espejos que pone ante sí en lo que ella considera es el ocaso de su edad adulta, "el último día del verano," el cual llega, como siempre, como, imagino, nos ha de llegar a todos, demasiado pronto y de improvisto. Cada uno de sus cuatro interlocutores en estas cartas conforma una "otredad" frente a la cual la autora se acicala, para encontrarse, para descubrirse ante sí misma y ante nosotros, sus inquisitivos lectores, satisfechos al devorar esta correspondencia que no deberíamos leer por ser "privada" con creciente fruicción.

Estos cuatro interlocutores escogidos para estas cartas le proporcionan, pues, a la escritora, un referente para la fijación de una perspectiva múltiple, a través de la cual Esther Tusquets acaba por venir a definirse mediante el sucesivo rechazo a lo que cada uno de esos interlocutores significaron en su vida. El proceso de maduración por el que al final del libro se encuentra a sí misma ha implicado la asunción de un progresivo rechazo de previos ideales, sueños, incluso ideologías, que conformaban una galería de sucesivas versiones de sí mismaque, a la vuelta de la esquina, siempre terminaron por antojársele inauténticas.

Así, finalmente, se hace posible llegar una vez más, como en su sueño más recurrente, a aquel pueblo de la costa del mismo mar de todos los veranos, al final del trayecto vital, quizás con la amargura de no haber navegado lo suficiente, de no haberse siquiera hecho a la mar, pero también con la seguridad de que a su término la vida le ha devuelto la mejor imagen de sí misma, aquel Yo incierto pero real, con la satisfacción de no haberse comprometido con ninguna, al cabo, de las cuatro imágenes anteriores, metáforas de tantas otras, cada una de ellas un escalón en el proceso de ascensión hacia el Yo, pero cada una de ellas al mismo tiempo una trampa, si se hubiese dejado seducir por el engaño que cada uno de sus cuatro interlocutores le tendía.

Saturday, 8 December 2012

Una traducción excesivamente descuidada



The Forgotten Garden de Kate Morton ha sido el primer libro cuya traducción al español he analizado. Esta actividad se ha descubierto para mí como una experiencia fascinante, pero el efecto total se ha visto incrementado por el hecho de que la traducción de The Forgotten Garden al español firmada por un tal Carlos Schroeder del que no he podido averiguar información alguna por Internet, está colmada de errores y despropósitos, algunos simples descuidos, otros de mayor gravedad. Tanto es así que el problema principal que aparece con este volumen publicado por Suma de Letras es no ya tanto que no se le haya hecho justicia a la propiedad intelectual de Kate Morton, sino que las propias gramática y sintaxis de la lengua española se han visto tan afectadas que uno se pregunta como ninguno de los más de 230.000 lectores de la novela en español parece haber puesto todavía el grito en el cielo, pues no hace falta poseer la versión original de la novela para detectar el fracaso de su rendición al castellano, ya que la ausencia de gramaticalidad y la tortuosidad de numerosas expresiones salta a la vista de cualquier lector.

Presentaré a continuación una breve aunque, espero, representativa, lista de ejemplos de fragmentos de traducción en los que no se ha respetado ni el sentido del texto en inglés ni la gramaticalidad propia del español. En primer lugar proporcionare la traducción publicada y firmada por Carlos Schroeder y en segundo mi propia traducción:

“Every so often the traffic current swept a wind-blown cluster of people inside the restaurant doors…” (Chapter 19)
a. De cuando en cuando el flujo del tráfico barría a los grupos de gente arremolinada dentro del restaurante...
b. De cuando en cuando del flujo de transeúntes se desprendía un grupo de gente azotada por el viento que era barrida hacia el interior del restaurante…

“Mr Swindell had been threatening to call the do-gooders ever since Sammy left them…” (Chapter 20)
a. El señor Swindell llevaba tiempo amenazando con llamar a las ‘benefactoras’ desde que Sammy falleciera...
b. El señor Swindell había estado amenazando con llamar a las ‘benefactoras’ desde que Sammy falleció…

“She tugged slightly at Sammy’s cap, which she was still wearing.” (Chapter 20)
a. Tironeó apenas de la gorra de Sammy que llevaba puesta.
b. Se recolocó con cuidado la gorra de Sammy, que aún llevaba puesta.

“Another set of footsteps in the hall and Rose was granted brief respite from the challenge of summoning up further pleasantries to converse with this strange, silent cousin.” (Chapter 28)
a. Un nuevo ruido de pasos en el corredor y Rose pudo recuperarse brevemente del desafío de buscar nuevos comentarios agradables para conversar con esta extraña y silenciosa prima.
b. Otro ruido de pasos en el pasillo y a Rose le fue concedida la oportunidad de un breve descanso en la ardua tarea de invocar nuevas formalidades para conversar con esta extraña, silenciosa prima.

“A thin beam of light passed through a tiny hole in the centre of a timber knot at the back of the desk.” (chapter 30)
a. Un delgado rayo de luz pasó a través de un pequeño agujero en el centro de la mesa del escritorio.
b. Un delgado rayo de luz se deslizó a través de un pequeño agujero en el centro de un nudo de madera en la parte trasera del escritorio.

“The other woman’s breath was warm as she combed the hair from Adeline’s brow, strangely comforting.” (Chaper 31)
a. El aliento de la otra mujer era tibio al rozar los cabellos de la frente de Adeline, una extraña sensación reconfortante.
b. Percibió el aliento cálido, extrañamente reconfortante, de la otra mujer mientras ésta le cepillaba los cabellos desde la raíz.

“He tossed the residue of morning tea from the mugs and dangled a fresh bag over each rim.” (Chapter 38)
a. Echó el resto del té de la mañana de las tazas y puso una bolsita nueva en cada una.
b. Vació las tazas de los posos del té de la mañana y dejó caer una bolsita nueva sobre el borde de cada una.

“She shifted the handles of her plastic grocery bag from around her wrist and scratched the red imprints they’d made.” (Chapter 40)
a. Ella intercambió las bolsas de plástico del mercado de mano y se rascó las marcas rojas que habían dejado.
b. Cambió de posición las asas de su bolsa de plástico de la compra, que se habían clavado en sus muñecas, y rascó las marcas rojas que habían dejado.


Sirvan estas frases como muestra reducida de lo que es el carácter generalmente excesivamente descuidado de esta traducción, y ojala consiguiera esta pequeña nota llamar la atención de las personas responsables y capaces de hacer que todas las necesarias correcciones se llevasen a cabo en la traducción de un libro que debería servir para satisfacer al público español, no para confundirlo.

Sunday, 25 November 2012

El sueño de una domesticidad bohemia



G. B. Shaw subtituló Heartbreak House (La casa de los corazones rotos) como "Una fantasía en el estilo ruso sobre temas ingleses," y el crítico Charles A. Berst ha diseccionado de manera excelente esta influencia rusa en la obra, que se debe por un lado a la asunción de un tono dramático que se asienta en la irrealidad de la ilusión y el sueño, a la manera de Chekhov, y, por otro lado, en lo que respecta a la carga temática, en una deuda notable a Tolstoy.

El ensayo de Charles A. Berst ("Heartbreak House: Shavian Expressionism") fue incluido por Harold Bloom en su volumen recopilatorio de ensayos sobre George Bernard Shaw para la serie "Modern Critical Views." Se trata de un ensayo crítico tan perceptivo y sutil en sus apreciaciones y en su estilo que nos hace pensar que la crítica constituye ciertamente el lado anverso de la literatura, y que toda gran obra literaria está sólo a medio terminar hasta que encuentra la plasmación ideal en un ensayo de su ethos.

Es sabido que G. B. Shaw escribía prefacios casi tan largos como sus obras teatrales, y este es casi el caso con Heartbreak House, que contiene un detallado esquema de presentación en el que Shaw se explaya sobre las predisposiciones temáticas de la obra. Por un lado están los dos grupos sociales dominantes que él identificaba en Europa en general y en Inglaterra en particular, por el otro lado, el trasfondo de la primera guerra mundial. Shaw intenta responder a esta pregunta: ¿qué tipo de sociedad ha sido responsable de la caída moral que supone la contienda? Su análisis parte fundamentalmente de Tolstoy. ¿Recuerdan aquellos salones ociosos en los que la aristocracia rusa se resguardaba de la realidad en Guerra y paz? Aquéllos son el antecedente de las salas y jardines de estas casas llenas de libros, viejos pianos y trastos, cuyas pequeñas mesitas acogen bandejitas de té a cualquier hora del día, con portalones que van a dar a jardines sólo medianamente cuidados, y lo más importante, que no contienen establos de caballos.

Para Shaw la sociedad inglesa a las puertas de la primera guerra mundial se divide en estos dos grupos: los bohemios (que moran en la Casa de los Corazones Rotos) y los equestres (que habitan Horseback Hall, o, la Mansión de los Caballos). Los "equestres" en la obra están representados por Lady Ariadne Utterword y su marido, un eficiente y poco imaginativo administrador del Imperio, que es capaz de trabajar dieciséis horas seguidas alegremente solucionando cualquier nimiedad burocrática. Por el contrario, a Hesione Hushabye, la matriarca de Heartbreak House, le encanta dormir. El sueño es en la Casa de los Corazones Rotos un ingrediente más de la vida diaria, como también lo es la hospitalidad: acogen a la neófita Ellie Dunn, que se encuentra frente al dilema de si entregarse a la Casa de los Corazoneso a la Mansión de los Caballos... y no menor importancia tiene para la familia de Shotover, el capitán de la casa - barco de Heartbreak, la inspección psicológica de todos sus visitantes.

Parece que dijeran los habitantes de Heartbreak House a sus visitantes: "¡Venid! ¡Seréis bien recibidos! ¡Pero os vamos a psicoanalizar!" Y es así que la joven pero pobre Ellie, su padre el idealista pragmático y fracasado Mazzini, y el rico y poco escrupuloso empresario que pretende a Ellie son todos diseccionados en Heartbreak House, y, finalmente, el único que termina mereciendo unánime condena es el rico estafador Mangan.

Los habitantes de la Casa de los Corazones Rotos son las clases cultivadas, adecuadas para el poder (la navegación de la casa-barco), pero han caído en el bohemianismo, en la pereza, en la neurosis, en "el sueño de una harlequinada apocalíptica" (Berst) y, los otros, los "equestres," están más que dispuestos a tomar el timón. Captain Shotover nos advierte de que el arte de la navegación también es aplicable a nuestra propia vida: "¡Navegación! Apréndela y vive; o déjala y sé maldecido."

En mi primera lectura ya identifiqué al capitán Shotover con Dios, y lo cierto es que se trata de un personaje preocupado por explicar "las maneras" de Dios. No cree en la Providencia de Mazzini. Es nuestra responsabilidad navegar corectamente por nuestra vida, así como gobernar nuestras naciones con juicio. La vida es un mar abierto en el que la naturaleza mide sus fuerzas con el hombre, y entre cuyos remolinos se revela la mano de Dios para el observador espiritualmente instruido.

Friday, 9 November 2012

"Syringa"


Este poema de John Ashbery que Elliott Carter musicó me ha sorprendido porque sólo he sido capaz de atrapar plenamente sus significados en el proceso de traducirlo. Encierra más profundidad y belleza de lo que a primera vista pueda parecer, hablando de esos misterios de lo Real en los que tan pocas veces muchos se detienen: ¿Hay alguna relación entre los hechos de la naturaleza y el Significado? ¿Cuál es la cualidad más perceptible de los hechos del pasado y cómo se relacionan con nuestro presente? ¿Es el Poeta un testigo incomparable de la Creación?... No me sorprende que Elliott Carter se quedase prendado de esta obra. En su versión musical de 1978 una mezzosoprano recita las palabras de "Syringa" mientras un un tenor canta fragmentos de textos clásicos griegos. En la foto una vista del estudio de la casa de Hudson de John Ashbery. He leído que el estilo de la casa recuerda a un cuento de hadas germánico, y lo suscribo.



A Orfeo le gustaba la alegre cualidad personal
De las cosas bajo el cielo. Por supuesto, Eurydice era una parte
de esto. Entonces, un día, todo cambió. Desgarra
Hendiduras en las rocas lamentándose. Las hondonadas, los montecillos
No pueden con ello. El cielo se sacude desde un horizonte
Al otro, casi listo para deshacerse de su plenitud.
Entonces Apolo lentamente le dijo: "Déjalo todo en la tierra.
Tu laúd, ¿para qué? Por qué darle a una sosa pavana que pocos se preocupan de
Seguir, exceptuando unos cuantos pájaros de plumaje polvoriento,
Composiciones del pasado sin vida." Pero, ¿por qué no?
Todo lo demás también debe cambiar.
Las estaciones ya no son lo que eran,
Pero está en la naturaleza de las cosas ser visto sólo una vez,
Mientras transcurren, entrechocándose con otras cosas, arreglándoselas
De algún modo. Ahí fue donde Orfeo se equivocó.
Por supuesto, Eurydice se desvaneció en la sombra;
Lo habría hecho incluso si él no se hubiera girado.
No sirve de nada quedarse ahí como una toga gris de piedra mientras la rueda completa
De la historia que se conoce destellea a su paso, mudo, incapaz de
Expresar un comentario
Inteligente sobre el elemento más complejo de su recua.
Sólo el amor permanece en el cerebro. Y algo que estas gentes,
Estos otros, llaman vida. Cantando con precisión
Para que las notas asciendan saliendo del pozo del
Difuminado mediodía rivalizando con las diminutas brillantes flores amarillas
Que crecen alrededor del borde de la cantera, encapsula
Los diferentes pesos de las cosas.
Pero no es suficiente
Simplemente seguir cantando. Orfeo lo comprendió
Y no le importó tanto que su recompensa estuviese en el Cielo
Después de que las Ménades lo hubiesen despedazado, medio
Enloquecidas por su música, cómo las transformaba.
Algunos dicen que fue por su trato a Eurydice.
Pero probablemente la música tuviera más que ver con ello, y
La manera en que la música transcurre, emblemática
De la vida y de cómo no puedes aislar una nota de la misma
Y decir que es buena o mala. Debes
Esperar a que se acabe. "El final es la coronación,"
Lo cual significa también que el "tableau"
No está en lo cierto. Pues a pesar de que las memorias, de una estación, por ejemplo,
Se combinen en una única instantánea, uno no puede guardar, glorificar
Ese momento detenido. También fluye, imperceptible;
Es una imagen de paisaje, fluido, aunque vivo, mortal,
Sobre la cual una acción abstracta se hace reposar en gruesas
Duras pinceladas. Y pedir más que esto
Es convertirse en los juncos agitados de aquel lento
Poderoso arroyo, tirando de las hierbas trepadoras
Juguetonamente, pero sin participar en la acción
Más que esto. Luego en el bajo cielo de genciana
Pequeñas sacudidas eléctricas son en un principio apenas aparentes, luego estallan
En una lluvia de llamaradas fijas de color crema. Los caballos
Han visto cada uno una porción de la verdad, aunque cada uno piensa,
"Soy una res libre. Nada de esto me está ocurriendo,
Aunque puedo comprender el lenguaje de los pájaros, y
El itinerario de las luces atrapadas en la tormenta me resulta
Perfectamente lógico.
Su lucha concluye en música tanto
Como los árboles se mueven fácilmente en el viento tras una tormenta de verano
Y está ocurriendo en las sombras de encaje de los árboles a la orilla, ahora
Día tras día."


Pero qué tarde para estar lamentándose de todo esto, incluso
Teniendo en cuenta que los lamentos se dan siempre tarde, ¡demasiado tarde!
A lo cual Orfeo, una nube azulada con contornos blancos,
Responde que estos no son, de ninguna de las maneras, lamentos
Sino simplemente una cuidada, académica rendición de
Hechos incuestionables, un inventario de piedrecitas en el camino.
Y sin importar cómo todo esto desapareció
O llegó a donde iba, ya no es relevante
Para un poema. Su tema
Importa demasiado, y no lo suficiente, de pie allí desvalido
Mientras el poema se adelantaba, su cola de fuego, un malvado
Cometa pronosticando odio y desastres, pero tan interiorizado
Que el significado, bueno o no, nunca puede
Llegar a saberse. El cantante piensa
De manera constructiva, construye su canto en pasos progresivos
Como un rascacielos, pero en el último minuto se va.
La canción es sumergida en un instante en la negritud
Que debe a su vez inundar todo el continente
Con negritud, pues no puede ver. El cantante
Debe entonces esconderse, ni siquiera aliviado
De la carga maléfica de las palabras. La estrellificación
Es para unos pocos, y llega mucho más tarde
Cuando todas las pistas de estas gentes y sus vidas
Se han escabullido dentro de las bibliotecas, de los microfilmes.
Unos cuantos aún se interesan en ellos. "Pero ¿qué me dices de
Este-y-aquél?" aún es preguntado alguna vez. Pero ellos yacen
Congelados y fuera de nuestro alcance hasta que un coro arbitrario
Habla de un incidente totalmente diferente con el mismo nombre
En cuyo cuento hay sílabas escondidas
De aquello que ocurrió tanto tiempo antes
En alguna ciudad pequeña, un verano diferente.

Thursday, 8 November 2012

Recientemente he empezado a dedicar algún tiempo a estudiar traducción y por eso procedo con más lentitud con la lectura y los comentarios en el blog: estoy leyendo dos novelas al mismo tiempo, el original en inglés y su versión publicada en español. Es una experiencia que te ofrece tanto que aprender y reflexionar sobre la lengua y sus peculiares resortes expresivos, y también a veces bastantes sorpresas.

Esta mañana he traducido un pequeño fragmento de la novela de Alan Sillitoe The Long Distance Runner y voy a compartirlo. Sólamente voy a poner mi versión en español. El original se puede encontrar entre las diez primeras páginas de la novela. Es una novela de la región de las Midlands inglesas, de los años 60, que intenta reflejar la conciencia combativa de la clase trabajadora que abunda en este condado industrial. Aunque no he leído la novela al completo, intuyo que Sillitoe pretende realizar una transposición entre el sentimiento de acorralamiento social y un cierto paranoidismo pre-esquizofrénico psicológico: un "paranoidismo social." Este tema se refleja en este fragmento y he intentado en la medida de lo posible trasladar la violencia del vocabulario al español, aunque en nuestra lengua no contamos con un "registro obrero" con caracteres tan claros como se encuentran en la lengua inglesa, y por lo tanto algunas connotaciones de clase social en el lenguaje han de perderse un poco en el proceso de traducir, aunque en la medida de lo posible he intentado mantener al menos el tono de angustia social.

Esta es mi traducción. Me gustaría encontrar la novela traducida al español y comparar mi versión con la publicada:


La soledad del corredor de largas distancias
por Alan Sillitoe, p. 8-9

…Así que la cuestión es que ellos saben que no voy a intentar escaparme: se sientan allí como arañas en aquella mansión que se cae a pedazos, encaramados como cornejas infladas en el tejado, vigilando los caminos y los campos como generales alemanes desde lo alto de sus tanques. E incluso cuando corro despacio detrás de un bosque y ellos no me pueden ya ver saben que mi cabeza de estropajo va a aparecer subiendo y bajando a lo largo de lo alto de aquel seto en una hora y que daré parte al tipo de la verja. Porque cuando en una mañana cruda y helada me levanto a las cinco y me quedo tiritando con el estómago vacío pegado al suelo de piedra y a todos los demás aún les queda una hora de sueño antes de que suenen las campanas, me escabullo escaleras abajo a través de todos los pasillos hacia el gran portalón de salida con un permiso para correr asido en mi puño, y me siento como el primer y el último hombre del mundo, ambos a un tiempo, si me quieres creer. Me siento como el primer hombre porque apenas tengo un rasguño y me lanzo hacia los campos escarchados llevando una camisita y pantalones cortos – incluso el primer triste capullo que cayó en la tierra en el medio del invierno supo cómo confeccionarse un traje con hojas, o cómo despellejar a un pterodáctilo para hacerse un abrigo. Pero aquí estoy, completamente congelado, con nada con qué calentarme excepto un par de horas de carrera de larga distancia antes del desayuno, ni siquiera una rebanada de pan y matarratas. Me están dando un buen entrenamiento para el gran evento deportivo en el que todos los duques y señoras con caras de cerdos y narices llenas de mocos – los cuales no saben cuánto suman dos y dos y acabarían haciéndoselo encima como idiotas si no tuvieran a esos esclavos a su disposición – vendrán para hacernos discursos sobre si los deportes son precisamente lo que nos conducirá a vivir una vida honesta y mantendrá las inquietas puntas de nuestros dedos alejadas de los candados de sus tiendas y de los pomos de las cajas fuertes y de las horquillas con las que abrir los contadores del gas que continen las monedas. Nos darán un pedazo de lazo azul y una copa como premio después de que nos hemos follado hasta la extenuación corriendo y saltando, como caballos de carreras, sólo que no nos tratan tan bien como a los caballos de carreras, eso es lo único.

Saturday, 8 September 2012

El capitalismo y el mito


Me he pasado casi todo agosto con La región más transparente, y no es que me haya costado leerla. Esto simplemente dice de cuán poco tiempo dispongo para leer últimamente. Mi entrada anterior en el blog se refiere a La muerte de Artemio Cruz, una novela de Carlos Fuentes que leí con anterioridad, y creo que esto fue acertado, porque así me ha permitido apreciar La región más transparente como una novela germinal, no la llamaría, por su calidad, primeriza, pero sí diría que en ella se produce un ensayo o ejercitación de una serie de temas que acabarían por tomar gran relevancia en La muerte de Artemio Cruz en particular y posiblemente en toda la obra de Carlos Fuentes en general.

Dije en mi entrada sobre MAC que pensaba que trataba sobre la interconexión entre los temas del destino y el origen. Parece que no estuve muy desacertada, pues el tema del origen es quizás el tema predominante en Región, la necesidad de crear un progreso para el individuo y la nación (un destino) que se funde sobre los cimientos sólidos de un pasado cultural perfectamente asumido, de unos principios psicológicos y vitales plenamente interiorizados.

También aparece en La Región otro tema que es destacado en MAC y también se relaciona con The Great Gatsby, una novela con la que no puedo dejar de comparar MAC y Región temáticamente. Es el tema del éxito, que en las tres novelas se ve como un valor peligroso de adquirir. Gatsby y Artemio Cruz se corrompen para alcanzar el éxito, algo parecido le ocurre a Federico Robles cuando escoge a la frívola Norma Larragoiti como esposa, y el mismo dilema sobre la cuestionabilidad del éxito es el que queda suspendido al final mismo de Región en torno al progreso en la carrera de Rodrigo Pola, el cual tampoco acaba casándose con la mujer de la que está enamorado.

Si Rodrigo Pola representa al literato profesional, contenido, Manuel Zamacona, concebido en la oscuridad del campanario de una capilla de pueblo, es la fuerza bruta del pensamiento. El origen para él es algo no dado de antemano sino en perpetuo proceso de creación. La obediencia ciega a las fuerzas telúricas lleva a los rituales de muerte que Teódula Moctezuma cree necesarios. Por otro lado, las nuevas sociedades burguesas resultado de la revolución son, además de cainitas, completamente deseosas de desentenderse de cualquier vínculo con el pasado. Todo es un futuro alcanzable: el camino dorado del capitalismo. El joven pensador Manuel Zamacona era el único personaje entregado a la sagrada tarea de realizar la ansiada síntesis, su 'pacto de sol' con México. Su incomprensible, gratuito asesinato el 15 de septiembre de 1951 confirma la desesperante vigencia del ciclo destructor de la autoflagelación de México, que podríamos enlazar con el tema más amplio de la derrota histórica hispana.


Saturday, 14 July 2012

Hacer su destino significaba descubrir su origen


La primera vez que leí a Carlos Fuentes se trató de su novela Cambio de piel y yo tenía unos diecisiete años. Me recuerdo leyéndola en la playa y la extraordinaria impresión que me causó a pesar de su complejidad. Dos sensaciones principales y relacionadas rescato de cómo me afectó: por un lado adquirí la sensación de que en el proceso de su lectura había madurado como persona, además me hizo pensar que 'ser adulto' quizás no iba a ser una cosa tan mala a pesar de todo. Tendría que releer la novela para contextualizar estas impresiones, pero este mes he leído La muerte de Artemio Cruz con gran placer y me ha parecido ser ya capaz de identificar un tema con un gran pulso en Carlos Fuentes que quizás fue el que me sedujo hace ya todos esos años: la representación del amor.

Soy muy apreciativa de las ediciones de Cátedra y ésta de José Carlos González Boixo es muy destacada. Me ha llamado la atención que en el apartado final de su Introducción, 'Funcionalidad de los personajes,' este crítico se fija también en el tema del amor. Es el amor que siente sencilla e ingenuamente por Catalina, por Laura, por Regina, también por Lilia, el que humaniza a Artemio Cruz y nos descubre las diferentes capas detrás de su fachada de hombre rudo y corrupto hecho a sí mismo. 'Cruz, como Pedro Páramo - el personaje de Rulfo con el que guarda numerosos puntos de contacto - queda condenado a la soledad al ser rechazado en el amor,' afirma González Boixo. Sin embargo, para Artemio Cruz el amor de Catalina no deja de ser una posesión más, una adquisición espiritualmente elevada que ambiciona obtener para complementar el más visible lujo material de sus posesiones, de sus casas, un mero capricho estético como la vida de refinado consumismo artístico que vive con su amante Laura, con la que visita las galerías de arte impresionista en París y a la que conoce durante un concierto de Handel.



Estos son los dos cuadros que Artemio Cruz recuerda de sus visitas a los museos de París con Laura, "El Columpio," de Renoir (1876) y "La Estación de Saint Lazare," de Claude Monet (1877). Esta cierta sensibilidad hacia el arte del personaje desmonta la interpretación de que sea un hombre burdo y explicita desde dentro de la propia novela las importante relación de ésta con el experimentalismo modernista, el cual llegó con cierto retraso a Hispanoamérica, pero allí fructificó con fuerza y desarrolló características propias. De la 'nueva novela hispanoamericana' es La muerte de Artemio Cruz, de 1962, un temprano ejemplo. Una de las principales originalidades del modernismo llevado a la novela hispanoamericana reside en el hecho de que los latinoamericanos sean herederos directos de tradiciones míticas indígenas. Carlos Fuentes es sabedor de esta riqueza y la explota consciente e inconscientemente. La 'consciencia' e 'inconsciencia' de esta herencia extraordinaria aparece interesantemente expuesta por González Boixo en su análisis de la significación del número 52, el tiempo de duración del ciclo azteca, en la novela. La iniciativa de este estudio numerológico parte de un artículo de Klaus Meyer Minnermann.

La novela, como es conocido, consta de 12 flashbacks a 12 días específicos en la pasada vida de Artemio Cruz, que éste rememora en su lecho de muerte, los cuales tuvieron una especial relevancia bien porque en ellos tuvo que tomar una elección que marcaría su destino o porque nos dicen algo importante del protagonista. La confesión vital de Artemio Cruz, a pesar de contener pasajes oscuros referidos a episodios de zozobra moral, no deja de ser una celebración personal de un ciclo vital que llega finalmente a su conclusión con más gloria que pena. El protagonista se regodea, pués, en su recapitulación de su pasado: "la memoria es el deseo satisfecho" (p. 305). A pesar de sus fracasos emocionales, como marido, como amante de Lilia y como padre del malogrado, idolatrado hijo Lorenzo, su vida ha representado, a trazos generales, la realización de sus aspiraciones y sus deseos.

Algunas de estas fechas determinantes en la vida de Artemio Cruz se corresponden entre sí con desmarques de 52 años. Pero lo realmente interesante está en el ciclo de 52 años 'inconsciente' que se corresponde, externamente a la novela, entre el inicio de la Revolución mexicana en 1910, en torno a la cual se articula la formación y desarrollo del carácter de Artemio Cruz, y el año de publicación de la novela misma (1962). Se trata ciertamente de un tipo de estructura externa y automática, ajena a la conciencia de Fuentes, por la que el hecho externo de la publicación de la novela se inscribe en el mismo tipo de ciclo azteca que es incorporado en la estructura interna de la novela con toda seguridad conscientemente por el autor.

La novela es moderna a muchos niveles, como por ejemplo en el tema del desdoblamiento y de la máscara. Artemio Cruz es un hombre material que ambiciona y obtiene el éxito pero para quien el éxito no deja de ser un ideal estético:

"¿Qué saben ellos, Catalina, el cura, Teresa, Gerardo? ¿Qué importancia van a tener sus aspavientos de duelo o las expresiones de honor que aparecerán en los periódicos? ¿Quién tendrá la honradez de decir, como yo lo digo ahora, que mi único amor ha sido la posesión de las cosas, su propiedad sensual? Eso es lo que quiero." (p.239)

Es debido a esta dimensión, la idealización romántica de la identidad reflejada en las posesiones materiales, que Artemio Cruz me ha parecido un Jay Gatsby mexicano. O el Jay Gatsby que habría sido posible si Jay Gatsby hubiese nacido en Mexico el 9 de abril de 1889, en las mismas condiciones que Artemio Cruz. Al fin y al cabo, Jay Gatsby aspira, al construir su propio sueño de un éxito perfecto, a que su vida y sus aspiraciones realizadas sean una oda al sueño y al destino americanos. Y algo muy parecido se da en Artemio Cruz mientras cavila, al final de su fiesta de Añoviejo en 1955, que el hombre que se construye a sí mismo en cierta medida también construye a su país:

heredarás la tierra...

tengan su México: tengan su herencia...

tu pueblo...

tu tierra...


También al final de The Great Gatsby Nick Carraway, mientras recuerda a su desdichado amigo, da en comparar el 'sueño' de Gatsby de un éxito personal, social y amoroso completo del lado de lainalcanzable Daisy, que se reflejaba en su anhelosa cotidiana contemplación de la luz verde al final del muelle donde vive Daisy, con el sueño de los primeros immigrantes holandeses en llegar a las orillas de Nueva York:

"Most of the big shore places were closed now and there were hardly any lights except the shadowy, moving glow of a ferry boat across the Sound. And as the moon rose higher the inessential houses began to melt away until gradually I became aware of the old island here that flowered once for Dutch sailors' eyes - a fresh, green breast of the new world. Its vanished trees, the trees that had made way for Gatsbyś house, had once pandered in whispers to the last and greatest of all human dreams; for a transitory enchanted moment man must have held his breath in the presence of this continent, compelled into an aesthetic contemplation he neither understood nor desired, face to face for the last time in history with something commesurate with his capacity for wonder."

Lo que diferencia a Artemio Cruz de Gatsby es que Cruz alcanza el poder y a la hora de su muerte es capaz de decirse a sí mismo que construyéndose a sí mismo construyó su país: "Tengan su México, tengan su herencia." Mientras que el sueño de Gatsby de construirse a sí mismo - cambió su nombre de James Gatz a Jay Gatsby a los 17 años -, se ve frustrado terriblemente porque deposita todas sus esperanzas en la eventualidad de
que Daisy, deslumbrada por sus logros materiales, le devuelva el amor. Este sentimentalismo excesivo y horrendo 'appaling sentimentality' (p. 107) que Nick detecta en Gatsby al final del capítulo sexto es algo que nunca ha de afectar a Artemio Cruz en su carrera, si bien es cierto que, como adelantamos al principio de este texto, en el proyecto de su matrimonio con Catalina inicialmente se alberga un cierto idealismo platónico por el que ve a la hija de don Gamaliel Bernal, antes de conocerla, como la encarnación de la posibilidad de elevarse en la escalera espiritual y amorosa al tiempo que en la social. Sin embargo, en su vejez, una vez ya corroído por la imposibilidad de ser amado ni por la madre ni por la hija, Artemio Cruz no cesará de recordarles que gracias a su pericia en los negocios y a su buena administración de la hacienda heredada de los Bernal, ellas pueden disfrutar del estilo de vida que más les place, con sus compras en la ciudad y sus almuerzos en el sofisticado restaurante Sanborn's.

Pero hay muchos otros niveles en los que La muerte de Artemio Cruz y The Great Gatsby pueden compararse. Uno de estos temas comunes es el tema de la elección, aunque se podría hablar tanto del poder de elegir como de la inevitabilidad de elegir un determinado camino. Los doce flashbacks en La muerte de Artemio Cruz representan tantos otros tramos bifurcados en la carrera de su vida. Pudo haber elegido matar al coronel villista Zagal o no, mezclar su destino con el de la familia Bernal o no, retornar al lecho matrimonial con Catalina aquella acalorada noche de junio de 1924 o no, abandonar a su mujer por su refinada amante Laura cuando ésta se lo pide el 12 de agosto de 1934 o no, perdonar o no los devaneos de su joven "amiga" Lilia a bordo de un yate en 1947.

Moribundo, Artemio Cruz se rebela filosóficamente contra la misma posibilidad de la elección, tras rememorar la noche en la que se alejó definitivamente de Catalina: "pensarás que no se puede escoger, que no se debe escoger, que aquel día no escogiste: dejaste hacer, no fuiste responsable, no creaste ninguna de las dos morales que aquel día te solicitaron: no pudiste ser responsable de las opciones que tú no creaste" (p. 223). El tema de la elección adquiere asimismo gran relevancia en The Great Gatsby, pues no en vano la realización de todo el sueño de Gatsby depende de la elección de Daisy. En la que es probablemente la escena climática en la novela, después de la mitad del capítulo séptimo, Daisy se ve obligada a elegir entre Gatsby y su marido Tom. Tras unos débiles titubeos, y ante la decidida, agresiva exposición de Tom de los aspectos oscuros en el pasado de Gatsby, sus cuestionables negocios con Meyer Wolfshiem, Daisy empieza a perder la fe en el sueño de una deslumbrante vida común que Gatsby le había presentado. Tom decide que Gatsby y Daisy retornen juntos en el flamante coche de Gatsby, mientras él lo hará en el suyo con Nick y Miss Baker. No nos enteramos hasta más tarde, pero lo que ocurre es que Daisy toma el volante e inicia una frenética carrera que la aleja del sueño del amor de Gatsby y en la cual acaba con la vida de la amante de Tom. Al asesinar a Myrtle muestra que ha tomado una decisión que fortalece su matrimonio con Tom. En su precedente discusión verbal, con su decisión y seguridad Tom acababde matar simbólicamente a Gatsby; ella a continuación mata físicamente a Myrtle. No en vano Tom y Daisy, al final del capítulo, se aparecen al preocupado Nick que espía desde el jardín como una pareja "no feliz, pero tampoco infeliz," compañeros con toda la apariencia de "conspiradores." En un día de tanta relevancia para su vida de pareja, cada uno acaba de asesinar a su rival. Además, el asesinato simbólico de Gatsby en el capítulo VII se convertirá en un asesinato físico en el capítulo VIII, cuando Tom envía a Wilson tras la falsa pista del coche de Gatsby en su afán de venganza.

Tiene lugar un paralelismo muy curioso en La muerte de Artemio Cruz en la sección en que la separación entre Catalina y Artemio es consumada, la referida a los sucesos en el día 3 de junio de 1924. Catalina pasa largas horas frente a la ventana abierta sobre el campo meditando sobre su destino y la dificultad de su elección. ¿Debe rendirse al amor de Artemio, que experimenta pasionalmente cada noche aunque durante los días revista su trato con el desdén hacia él que le causa la memoria de su originaria posición social y de sus deberes como hija y hermana? Estas preguntas la torturan mientras se acercan en su calesa al lugar en el que tendrá lugar un reconocimiento público a éste en el municipio. En el último momento, antes de que Artemio la ayude a descender de la calesa...:

"Ella tomó las riendas, dirigió violentamente el caballo hacia la derecha, arrojando al suelo a los peregrinos, hasta que el caballo relinchó, levantó las patas delanteras, rompió las vasijas de barro..."



Monday, 25 June 2012

Entre la legitimidad y la magia





Me parece muy positivo que una autora de novela histórica sea número uno en ventas y goce de tanta popularidad, en el mundo anglosajón al menos. Recibe críticas tan feroces como exaltados elogios por parte de sus lectores, sin dejar a nadie indiferente. Pero no se deja de percibir un cierto desdén a su trabajo por parte de los críticos de prensa. La página web de The Guardian, por ejemplo, no incluye ninguna crítica de ninguna de sus muchas y exitosas novelas. En mi opinión esto no es más que un signo de afectación y elitismo. Todos hemos encontrado alguna crítica excesivamente complaciente de alguno de esos autores revelación cuya estrella dura dos primaveras. ¿Por qué esa resistencia a las novelas de Philippa Gregory?

Philippa Gregory escribe con gran sencillez y hace los entresijos de la historia accesibles a miles de lectores, pero aunque sus novelas carezcan de pretensiones literarias más allá de la pura intención de novelar, entretener, instruir en un período histórico - las cuales son todas intenciones loables - no dejan de también gozar de virtudes inspiradas por su ágil pluma: la fuerza en la creación de las personalidades de los personajes - todos ellos personajes históricos que resultan creíbles, incluso tremendamente reconocibles, en su caracterización - la agilidad en la narrativa, el sabio uso de la perspectiva - especialmente en lo que se refiere a la serie sobre las Guerras de las Rosas (Cousins' War Series) - en la que afrontamos unos mismos hechos desde los puntos de vista de diferentes mujeres que estuvieron inmersas en los mismos. Al fin y al cabo se trata de acercar a la gente a la historia desde la imaginación, con licencias creativas necesarias en el acto de novelar, pero sin perder un ápice de la sensación de realidad de un tiempo, unas historias que ocurrieron, unos personajes.

Si a usted le parece que ya conoce mucha historia y que estas novelas no le van a enseñar nada nuevo, cómpreselas a sus hijos adolescentes. Ojalá cada guerra, cada mujer asociada a una casa real o a un conflicto dinástico, contase con su Philippa Gregory. Es historiografía imaginativa, desde el punto de vista de la mujer, pero que no tiene por qué desagradar a los lectores masculinos.

Esta, la tercera novela en la serie de las Guerras de las Rosas, se detiene en la poco conocida vida de Jacquetta de Luxemburgo, cuyo padre, el conde de Luxemburgo, estaba asociado al Duque de Borgoña. Entre los antepasados de esta casa dice la leyenda se encuentra Melusina, diosa de los ríos, y las mujeres nacidas en esta familia se cree están en posesión de poderes sobrenaturales. Jacquetta sería la madre de Elizabeth Woodville, futura reina de Inglaterra por su matrimonio con Edward IV, cuya historia es contada en The White Queen. En esta novela nos retrotraemos al mismo origen de las Guerras de las Rosas, que se iniciaron con Jacquetta como principal dama de la polémica reina Margaret de Anjou, que su hija Elizabeth Woodville viviría en su plenitud y a las que su nieta Elizabeth de York traería a la conclusión mediante su matrimonio con Henry Tudor, heredero de Lancaster.

Entre otros trucos y sortilegios, Jacquetta es dada a utilizar las cartas del tarot. La carta de la rueda de la fortuna marca el destino de la joven Juana de Arco, con la que Jacquetta convive en el castillo de Beaurevoir en 1430. Pero el significado de esta carta que marcará a la heroína francesa, además se va a ir materializando también como una clave para descifrar el complejo destino de la reina Margaret de Anjou, que se va a convertir en la mejor amiga de Jacquetta una vez que ésta se traslade a Inglaterra y quede asociada a la corte inglesa como duquesa viuda de John, el duque de Bedford, quien la inició en la alquimia.

Era éste un tiempo en el que las sospechas de la práctica de la brujería, sobre todo en el contexto de las intrigas cortesanas, podían hacer acabar a los supuestos conjuradores en la hoguera, tal y como ocurrió con Roger Bolingbroke y la la llamada 'With of Eye,' Margerie Jourdemayne, quien inicia a Jacquetta en el herbalismo plantando un jardín de hierbas de acuerdo con los signos del zodiaco en su jardín de Penshurst. Admira en el personaje de Jacquetta que pese a sus poderes - es capaz de ver visiones en el reflejo de determinados espejos - y su afición a la magia y su cercanía a una corte salpicada por el escándalos y la agitación, situación que terminaría por dar origen a las Guerras de las Rosas, ella sin embargo jamás sufriese ningún tipo de persecución por brujería. No fue el caso de la bella Eleanor Cobham, la esposa de Humprhey, el ilustrado duque de Gloucester, hermano del duque de Bedford, ambos tíos del joven rey Henry VI, quien hubo de sufrir la separación de su marido para ser encerrada en un lejano castillo hasta su muerte, tras confesar haber practicado magia con Margerie de Jourdemayne y utilizado horóscopos.

La joven Margaret de Anjou da pruebas de ser una joven reina pasional y ambiciosa, y no comprende el significado filosófico de la indiferencia hacia el destino. Ella sólo quiere subir en la rueda de la fortuna y nunca caer. Sin embargo durante el curso de su reinado experimentará los vaivenes de una fortuna que jamás se mantendrá estable. ¿Estamos sometidos simplemente a una fortuna caprichosa o somos hacedores de nuestro propio destino mediante nuestas acertadas o equivocadas elecciones? Philippa Gregory juega con las dos teorías, pues, aunque el símbolo de la rueda de la fortuna marca la novela, no deja de introducir inteligentes apreciaciones, por medio de la consciencia vigilante de la propia Jacquetta, sobre si determinadas acciones por parte de la pareja real han sido o no de provecho para la gobernación del país.

Precisamente esta controversia sobre el modo de reinar de la pareja formada por el débil y enfermizo Henry VI y la temperamental Margaret de Anjou es lo que dará origen a la rebelión orquestrada por parte de la Casa de York que inicia su patriarca Richard, Duke of York. ¿Conseguirán Richard York y sus herederos usurpar el poder de un rey y una reina que gobiernan de modo caprichoso, dejándose guiar por un reducido número de favoritos y cada vez más alejados de los clamores del pueblo y de parte de su propia nobleza? ¿Qué parte tiene la predilección de Margaret por Edmund Beaufort, el duque de Somerset, en la extraña enfermedad que de pronto aqueja al rey? ¿Qué misterioso destino es anunciado para Elizabeth Woodville, la hija de Jaquetta, en el espejo? Estos son algunos de los interrogantes que se plantea el lector a medida que progresa en la lectura de esta novela que representa la manera en la que el destino de la monarquía de Inglaterra se fraguó entre caminos polvorientos, cielos grises y misteriosas hierbas con especiales propiedades.