Esta novela ganadora del Man Booker Prize de ficción en el año 2009 aborda uno de los periodos históricos más amados por los británicos: el divorcio del rey Enrique VIII de Catalina de Aragón y su matrimonio con Ana Bolena, que resultó en la ruptura con Roma. La intriga política en que tuvo origen este suceso es examinada en la novela de Hilary Mantel desde el punto de vista único, aunque no necesariamente limitado, del brillante estadista Thomas Cromwell cuya entrada en los círculos de poder de la corte del rey Enrique tuvo lugar al tiempo del ascenso de Ana Bolena en la estima real. De este modo, Cromwell pronto se da cuenta de que Ana y él tienen ambiciones similares: doblegar a los sectores más tradicionalistas de la corte, y de hecho del conjunto de la sociedad, para conseguir alcanzar sus ambiciones, convirtiéndose ella en reina y él en, sencillamente, “Cromwell,” el sueño de sí mismo, que en buena parte se trasladaría a la realidad, al lograr pasar de ser “el hijo del herrero” a uno de los hombres más influyentes de la Reforma, y, de este modo, el brazo derecho del rey.
Cromwell comenzó su carrera como protegido del influyente cardenal Wolsey, que destacó por sus fundaciones de colegios mayores como el Colegio del Cardenal en Oxford y bibliotecas, y que perdió trágicamente el favor real por diversos motivos, entre ellos por las intrigas de los nobles que estaban celosos de su creciente poder. En la serie de acusaciones – 44 – que los consejeros del rey preparan contra Wolsey ya se atisba el germen de la Reforma, aunque en realidad la herejía era todavía perseguida y gravemente castigada. Se le acusa formalmente de “praemunire”: representar a una jurisdicción extranjera dentro del reino, mediante el ejercicio de su función de legado pontificio. Después de la muerte de Wolsey, quien, adivinamos, se envenena a sí mismo tras ser arrestado, Cromwell ve peligrar todo lo que hasta el momento había conseguido. Un hombre menos inteligente habría renegado de Wolsey cuando su caída era inminente, pero ¿qué habría ganado con ello más que el nombre de “desertor”?, razona uno de los muchachos a su cargo. Cromwell mantiene siempre una semblanza de fidelidad a su señor, al menos en apariencia, pues cuando Wolsey se traslada al norte él se queda en Londres, realizando sus funciones como miembro del Parlamento y maniobrando su acercamiento a Enrique, mientras no deja de defender a Wolsey en todas las discusiones.
Sin duda en esta novela Hilary Mantel se propuso otorgarnos la dimensión más humana y más actual de Cromwell, un personaje que fue amado en la corte isabelina y denostado por los elitistas victorianos, que tenían una mala consideración de su bajo origen social. La percepción popular que se ha creado es la de un astuto y ambicioso manipulador sin entrañas. En su escuela católica Mantel se sentía oprimida por la gran veneración que se dispensaba a Tomás Moro, cuya imagen decoraba una cristalera de colores. Ya desde entonces comenzó a preguntarse si acaso Thomas Cromwell, que estuvo detrás de la ejecución de Moro el 6 de julio de 1535, no tendría algo que decir a su favor. Esta novela es la plasmación de esa curiosidad por introducirse en la mente del hombre que cambió Inglaterra para siempre y mostrárnoslo como un ser de carne y hueso, con una vida familiar honesta y una enorme capacidad de trabajo, preocupado por la prosperidad propia y por los destinos de su nación, capaz de distinguir las posibilidades del devenir histórico y hacer girar los acontecimientos de manera insospechada pero con éxito.
La cuidadosa representación de las actividades cotidianas en el hogar de Thomas Cromwell en Austin Friars es sólo uno de los elementos que integran la extraordinaria caracterización de Cromwell como un hombre a la vez ambiguo, que declara no conocerse a sí mismo y cercano, que seguramente se sentiría muy confortable en una sociedad como la actual, donde priman el esfuerzo y el progreso por encima de la tradición estéril, al menos la mayor parte de las veces. La sutil técnica novelística por la que se consigue trasladar al lector la sensación de la vida intensa del protagonista es mediante un curioso desdoblamiento de la voz narrativa por el que el narrador se introduce en la mente de Cromwell y sin embargo nos narra sus pensamientos en tercera persona. A veces frases pensadas o dichas o escuchadas por Cromwell aparecen sin acotar en forma de diálogo, y esto y la persistente utilización del pronombre “él” han provocado un quebradero de cabeza a más de un lector poco avezado. No es una novela fácil de leer, pero eso es, precisamente, porque está muy bien escrita. Hilary Mantel diseña su propia técnica narrativa para introducirse en la mente de Cromwell.
Por lo que respecta a la caracterización de los demás personajes de la historia, ésta tiene lugar a través de la conciencia de Cromwell, pero el resultado final resulta muy convincente, pues todos los personajes rezuman vitalidad y credibilidad. Los jóvenes a su cargo en su casa son observados siempre con amor y un instinto protector, los nobles como el duque de Norfolk, con una mezcla de respecto y condescendencia, la pareja real formada por Enrique y Ana Bolena con ternura y un sano sentimiento de diversión ante sus excentricidades y las peculiaridades de sus caracteres.
Como nota final, señalar que esta novela mantiene la teoría del origen mágico de los Tudor, reflejado en la leyenda de Melusina, la mujer serpiente de la que se decía que procedía Jacquetta, la madre de Elizabeth Woodville, la madre de Elizabeth of York, madre a su vez de Enrique VIII. Cromwell, en la novela, es consciente de esta historia oculta de Inglaterra, y esto es lo que le hace ver que el matrimonio de Enrique con Ana Bolena es posible, a la luz de matrimonios reales, como el de Edward IV con Elizabeth Woodville, en los que la mujer es tenida por bruja. Pero, ¿hay mejor embrujo que el amor? Y, al hilo de la historia de Melusina, ¿no resulta una curiosa coincidencia que Ana Bolena se criase en la corte de Borgoña, a la que perteneció Jacquetta, la bisabuela del rey en quien originó la leyenda del poder mágico de Melusina?
un blog literario escrito desde España en el que ofrezco impresiones personales y originales sobre libros que me gustan
Saturday, 15 June 2013
Sunday, 2 June 2013
Un post invitado sobre El jardín olvidado de Kate Morton
Me alegra introducir hoy un post invitado que consiste en un comentario de la novela El jardín olvidado de Kate Morton. Mi bloguera invitada se llama Mari Paz López y tiene un blog estupendo, Podemos charlar juntas en el que da rienda suelta a sus intereses, que ambas compartimos, en la literatura y la decoración de interiores, entre otros temas domésticos y femeninos. De hecho Mari Paz quiere ayudarme a mejorar la apariencia de mi blog, que reconozco que es formalmente muy sencillo, y estoy segura de que poco a poco iré introduciendo algunas mejoras. De momento, de su mano he aprendido a poner un cabecero personal. Os dejo con el comentario de Mari Paz, mientras que mi contribución a su blog puede encontrarse aquí.

El Jardín Olvidado de Kate Morton
Una niña abandonada en un embarcadero un año antes de que estalle la Primera Guerra Mundial; la revelación a una joven del secreto sobre su verdadera ascendencia; la herencia de una espléndida y misteriosa finca en la costa salvaje de Cornualles... Estos son los puntos de partida de una historia inolvidable que evoca la gran novela victoriana, los cuentos de hadas y los relatos de intriga.
Ha sido la primera novela que he leído de Kate Morton. Como la mayoría de las veces sólo con la pequeña sinopsis del libro sabía que la historia podría gustarme, y así lo hizo. Ambientada en la época victoriana, tan admirada por mí.
Nada más iniciarse la historia, supe que me encontraba ante una historia llena de misterio y secretos familiares. Es una historia sobre el pasado, los lazos familiares y descubrir la propia identidad.
La historia de El jardín olvidado comienza en 1913 con una niña abandonada en un barco rumbo a Australia. Apenas puede recordar nada de su pasado, pero lo último que le llega a su memoria es que una misteriosa dama, la Autora, le ordena que se esconda, que no le diga a nadie su nombre y que ella volverá pronto a recogerla. Sin embargo, nada de eso ocurre y la niña estará sola durante toda la travesía. Años después, la pequeña ha sido adoptada por una familia que la trata como a una hija, le dan un nombre, Nell, y le ocultan la verdad. El día en el que cumple 21 años le revelan el secreto y su vida cambia para siempre.
Por otro lado, avanzamos al 2005, donde la nieta de Nell, Cassandra, descubre el secreto de su abuela y se dispone a averiguar por qué la abandonaron en el barco arrancándola de su verdadera familia.
La dinámica del libro es un poco confusa hasta que te acostumbras al cambio desordenado de épocas en la narración. Cuando lees los siguientes libros de Kate Morton, ya estás preparada porque sigue con esa misma técnica.
Si tuviera que elegir entre las dos historias del libro, la antigua es la que más me atrae. Los personajes de la historia de 1900 a 1913 tienen tanta fuerza que hacen pequeños a los que aparecen en la historia de 2005.
La ambientación de la novela es excelente. Pasa del sucio Londres de 1900 a las costas de Cornualles. ¡Estupenda! El ritmo de la narración es tranquilo y no se me hizo nada aburrido sino todo lo contrario. Pero lo mejor del libro sin duda alguna es la historia. Realmente me ha cautivado.

El Jardín Olvidado de Kate Morton
Una niña abandonada en un embarcadero un año antes de que estalle la Primera Guerra Mundial; la revelación a una joven del secreto sobre su verdadera ascendencia; la herencia de una espléndida y misteriosa finca en la costa salvaje de Cornualles... Estos son los puntos de partida de una historia inolvidable que evoca la gran novela victoriana, los cuentos de hadas y los relatos de intriga.
Ha sido la primera novela que he leído de Kate Morton. Como la mayoría de las veces sólo con la pequeña sinopsis del libro sabía que la historia podría gustarme, y así lo hizo. Ambientada en la época victoriana, tan admirada por mí.
Nada más iniciarse la historia, supe que me encontraba ante una historia llena de misterio y secretos familiares. Es una historia sobre el pasado, los lazos familiares y descubrir la propia identidad.
La historia de El jardín olvidado comienza en 1913 con una niña abandonada en un barco rumbo a Australia. Apenas puede recordar nada de su pasado, pero lo último que le llega a su memoria es que una misteriosa dama, la Autora, le ordena que se esconda, que no le diga a nadie su nombre y que ella volverá pronto a recogerla. Sin embargo, nada de eso ocurre y la niña estará sola durante toda la travesía. Años después, la pequeña ha sido adoptada por una familia que la trata como a una hija, le dan un nombre, Nell, y le ocultan la verdad. El día en el que cumple 21 años le revelan el secreto y su vida cambia para siempre.
Por otro lado, avanzamos al 2005, donde la nieta de Nell, Cassandra, descubre el secreto de su abuela y se dispone a averiguar por qué la abandonaron en el barco arrancándola de su verdadera familia.
La dinámica del libro es un poco confusa hasta que te acostumbras al cambio desordenado de épocas en la narración. Cuando lees los siguientes libros de Kate Morton, ya estás preparada porque sigue con esa misma técnica.
Si tuviera que elegir entre las dos historias del libro, la antigua es la que más me atrae. Los personajes de la historia de 1900 a 1913 tienen tanta fuerza que hacen pequeños a los que aparecen en la historia de 2005.
La ambientación de la novela es excelente. Pasa del sucio Londres de 1900 a las costas de Cornualles. ¡Estupenda! El ritmo de la narración es tranquilo y no se me hizo nada aburrido sino todo lo contrario. Pero lo mejor del libro sin duda alguna es la historia. Realmente me ha cautivado.
Saturday, 13 April 2013
Un Secreto Muy de Familia
The Distant Hours representa en la carrera de Kate Morton un momento de madurez y asunción de un nuevo dominio de su técnica narrativa. Esto lo he podido colegir de la comparación entre su destreza como narradora en The Forgotten Garden y en The Distant Hours. The Distant Hours es con mucho una novela sumamente más cohesionada, los cabos argumentales están mucho mejor atados, la plausibilidad de la historia es más certera. Kate Morton se acerca aquí mucho más que en The Forgotten Garden a conferir un trasfondo temático unitario a su historia. No se trata de narrar y enlazar anécdotas por el mero placer de hacerlo, con la vista puesta únicamente en proporcionar emociones y entretenimiento al lector, como en The Forgotten Garden. El trasfondo de The Distant Hours versa sobre el tema de los secretos familiares, la manera en que la desconfianza respecto a nuestros seres más allegados puede hacer germinar las raíces del malicioso hábito de ocultar importantes aspectos de nosotros mismos a aquellas personas que en teoría estarían mejor situadas para ayudarnos a conseguir nuestros propósitos.
Es así que cuando una misteriosa carta llega a la residencia de la familia Burchill un día de finales de febrero de 1992 con cincuenta y un años de retraso, Edie empieza a comprender que hay aspectos en el pasado de su madre que desconocía por completo. Cuando su madre Meredith le hace saber que durante la segunda guerra mundial fue evacuada por espacio de algo más de un año al castillo de Milderhurst en Kent, se trata sólo del comienzo de la misteriosa fascinación de la joven Edie – una mujer de treinta años que trabaja en la pequeña firma editorial Billing & Brown y que acaba de dar por terminada la relación sentimental más importante de su vida – va a sentir hacia el castillo de Milderhurst y sus extravagantes ocupantes, las tres ancianas hermanas Blythe: Percy, Saffy y la perturbada Juniper.
De modo similar a The Forgotten Garden, The Distant Hours hace uso de un tiempo narrativo múltiple. En el caso de The Distant Hours las dos principales acciones, separadas en el tiempo, tienen lugar, por un lado, en el año 1992 – año en el que Edie Burchill conduce sus pesquisas para desentrañar el secreto de Milderhurst Castle – y, por otro, entre septiembre de 1939 y el 29 de octubre de 1941, cuya fatídica noche significó el punto de inflexión en la salud mental de la cautivadora Juniper, a raíz de la aparente deserción de su amado Thomas Cavill a la cena familiar en la que iban a anunciar su compromiso.
Desentrañar qué ocurrió realmente aquella noche de 1941 se convertirá en el principal empeño de Edie Burchill, y, a la par, el lector se embarcará en su propio viaje a través del tiempo, trasladándose primero a la tarde que precedió a los misteriosos eventos de aquella noche de octubre de 1941, para llegar a conocer al detalle las preparaciones que las dos hermanas gemelas, Percy y Saffy, realizaron para la velada. Así somos sumergidos en la densa atmósfera de una vida familiar marcada por secretos hondamente enterrados, el recelo y la represión. ¿Por qué afecta tanto a Percy su encuentro con su antigua ama de llaves Lucy Middleton, ahora Lucy Rogers? ¿Por qué Saffy se tiene que ocultar en la oficina del mayordomo para leer su correspondencia? ¿Por qué se siente justificada Saffy al leer a escondidas la especialmente reveladora anotación en el diario de Juniper? ¿Por qué no desea Percy que Saffy conozca que se cartea con su prima Emily?
Edie no conocerá estos detalles, pero sí se dará cuenta de que la estancia de su madre en Milderhurst la transformó para siempre. En Milderhurst Meredith, una niña londinense de clase trabajadora, descubrió la plasmación de sus más ocultos anhelos por una educación superior, en un entorno privilegiado y con acceso directo a sus amados libros y a todo nuevo tipo de saberes, en el que incuba su deseo frustrado de escribir y convertirse en periodista, de la mano de las hermanas y en especial bajo la tutela de Juniper, que escribe habitualmente y pronto se convertirá en su mejor amiga.
La enfermedad de Milderhurst, el amor a los secretos, fue adquirida por Meredith y, en apariencia, involuntariamente heredada por Edie, que se encuentra a sí misma leyendo clandestinamente la correspondencia que su madre envió a casa desde Milderhurst, que se encuentra oculta en una vieja caja de pantuflas y es facilitada por su tía Rita. Al mismo tiempo, y debido a su mudanza temporal al hogar familiar, Edie tiene la oportunidad de ahondar en la relación con su padre, que está convaleciente de un infarto. Su padre siempre ha sido receloso de la pasión de Edie por los mundos de ficción. Sin embargo, de mano de la lectura conjunta de El Hombre de Barro, el clásico de la literatura juvenil escrito por Raymond, el padre de las hermanas Blythe, descubrirá por sí mismo los placeres de la literatura.
Cuando su padre pide a Edie que le revele de antemano los detalles de la trama de La historia del Hombre de Barro, ésta le contesta que hay una especie de pacto tácito entre el escritor y el lector por el que éste no debe revelar secretos argumentales sin más, y no seré yo quien descubra el sorprendente desenlace de The Distant Hours. Baste decir que al final el secreto de lo que realmente sucedió se queda enterrado con las hermanas, pues el descubrimiento que Edie Burchill realiza sobre los hechos de aquella noche no es más que una versión imperfecta de la realidad. El secreto de la familia Blythe, tal como su patriarca habría preferido, se queda en la familia y ya ni siquiera los susurrantes muros del castillo que cantan a las horas distantes podrán desvelarlo.
Es así que cuando una misteriosa carta llega a la residencia de la familia Burchill un día de finales de febrero de 1992 con cincuenta y un años de retraso, Edie empieza a comprender que hay aspectos en el pasado de su madre que desconocía por completo. Cuando su madre Meredith le hace saber que durante la segunda guerra mundial fue evacuada por espacio de algo más de un año al castillo de Milderhurst en Kent, se trata sólo del comienzo de la misteriosa fascinación de la joven Edie – una mujer de treinta años que trabaja en la pequeña firma editorial Billing & Brown y que acaba de dar por terminada la relación sentimental más importante de su vida – va a sentir hacia el castillo de Milderhurst y sus extravagantes ocupantes, las tres ancianas hermanas Blythe: Percy, Saffy y la perturbada Juniper.
De modo similar a The Forgotten Garden, The Distant Hours hace uso de un tiempo narrativo múltiple. En el caso de The Distant Hours las dos principales acciones, separadas en el tiempo, tienen lugar, por un lado, en el año 1992 – año en el que Edie Burchill conduce sus pesquisas para desentrañar el secreto de Milderhurst Castle – y, por otro, entre septiembre de 1939 y el 29 de octubre de 1941, cuya fatídica noche significó el punto de inflexión en la salud mental de la cautivadora Juniper, a raíz de la aparente deserción de su amado Thomas Cavill a la cena familiar en la que iban a anunciar su compromiso.
Desentrañar qué ocurrió realmente aquella noche de 1941 se convertirá en el principal empeño de Edie Burchill, y, a la par, el lector se embarcará en su propio viaje a través del tiempo, trasladándose primero a la tarde que precedió a los misteriosos eventos de aquella noche de octubre de 1941, para llegar a conocer al detalle las preparaciones que las dos hermanas gemelas, Percy y Saffy, realizaron para la velada. Así somos sumergidos en la densa atmósfera de una vida familiar marcada por secretos hondamente enterrados, el recelo y la represión. ¿Por qué afecta tanto a Percy su encuentro con su antigua ama de llaves Lucy Middleton, ahora Lucy Rogers? ¿Por qué Saffy se tiene que ocultar en la oficina del mayordomo para leer su correspondencia? ¿Por qué se siente justificada Saffy al leer a escondidas la especialmente reveladora anotación en el diario de Juniper? ¿Por qué no desea Percy que Saffy conozca que se cartea con su prima Emily?
Edie no conocerá estos detalles, pero sí se dará cuenta de que la estancia de su madre en Milderhurst la transformó para siempre. En Milderhurst Meredith, una niña londinense de clase trabajadora, descubrió la plasmación de sus más ocultos anhelos por una educación superior, en un entorno privilegiado y con acceso directo a sus amados libros y a todo nuevo tipo de saberes, en el que incuba su deseo frustrado de escribir y convertirse en periodista, de la mano de las hermanas y en especial bajo la tutela de Juniper, que escribe habitualmente y pronto se convertirá en su mejor amiga.
La enfermedad de Milderhurst, el amor a los secretos, fue adquirida por Meredith y, en apariencia, involuntariamente heredada por Edie, que se encuentra a sí misma leyendo clandestinamente la correspondencia que su madre envió a casa desde Milderhurst, que se encuentra oculta en una vieja caja de pantuflas y es facilitada por su tía Rita. Al mismo tiempo, y debido a su mudanza temporal al hogar familiar, Edie tiene la oportunidad de ahondar en la relación con su padre, que está convaleciente de un infarto. Su padre siempre ha sido receloso de la pasión de Edie por los mundos de ficción. Sin embargo, de mano de la lectura conjunta de El Hombre de Barro, el clásico de la literatura juvenil escrito por Raymond, el padre de las hermanas Blythe, descubrirá por sí mismo los placeres de la literatura.
Cuando su padre pide a Edie que le revele de antemano los detalles de la trama de La historia del Hombre de Barro, ésta le contesta que hay una especie de pacto tácito entre el escritor y el lector por el que éste no debe revelar secretos argumentales sin más, y no seré yo quien descubra el sorprendente desenlace de The Distant Hours. Baste decir que al final el secreto de lo que realmente sucedió se queda enterrado con las hermanas, pues el descubrimiento que Edie Burchill realiza sobre los hechos de aquella noche no es más que una versión imperfecta de la realidad. El secreto de la familia Blythe, tal como su patriarca habría preferido, se queda en la familia y ya ni siquiera los susurrantes muros del castillo que cantan a las horas distantes podrán desvelarlo.
Sunday, 13 January 2013
un fragmento de Edith Wharton
Sigo disfrutando examinando traducciones del inglés al español y realizando mis pequeños ejercicios. Hoy he traducido este fragmento de una novela de Edith Wharton que sospecho que puede ser The House of Mirth, aunque no lo he verificado. Desde luego que me ha inspirado a intentar conseguir la novela.
El día después
por Edith Wharton
Una de las cosas más extrañas que iba más tarde a rememorar de entre todas las peculiaridades del día después era la repentina y completa recuperación de su seguridad en sí misma.
Estaba en el aire cuando se despertó en la oscura habitación de techo bajo. La acompañó escaleras abajo hasta la mesa del desayuno, destelleó ante ella desde la chimenea, y reverberó desde los costados de la urna y las robustas estrías de la tetera georgiana. Era como si, de alguna manera, todos sus temores difusos del día anterior, con su concentración más aguda alrededor del artículo del periódico – como si este vago cuestionamiento del futuro, y sobresaltado retorno al pasado, hubiesen entre los dos liquidado los plazos de una inquietante obligación moral. Si había descuidado los asuntos de su esposo había sido, su nueva sensación parecía probar, porque su fe en él intuitivamente justificaba ese descuido; y el derecho de él a su fe se había ahora afirmado ante la viva representación de la amenaza y la sospecha. Nunca le había visto ser más natural e inconscientemente él mismo que después del interrogatorio al que le sometió: era casi como si él hubiese sido consciente de sus dudas, y hubiese querido que las cosas se aclarasen tanto como ella.
Estaba tan claro, gracias a Dios, como la reluciente luz exterior que la sorprendió casi con una sugerencia del verano mientras salía de la casa para realizar su inspección diaria de los jardines. Había dejado a Boyne frente a su escritorio, permitiéndose disfrutar, mientras pasaba junto a la puerta de la biblioteca, de un último vistazo a su rostro sereno, mientras él se inclinaba, con la pipa en la boca, sobre sus papeles; y ahora ella tenía su propia tarea mañanera que llevar a cabo. La tarea traía consigo, en encantadores días de invierno como éste, casi tantos alegres paseos por las diferentes esquinas de la propiedad como si la primavera ya hubiese llegado. Se extendían tales interminables posibilidades ante ella, tales oportunidades de traer a la luz los ocultos encantos del viejo lugar, sin necesidad de realizar una sola irreverente alteración, que el invierno se hacía demasiado corto para planear todo lo que la primavera y el otoño ejecutaban de por sí. Y su recobrada confianza en sí misma le dio, en esta mañana particular, un peculiar placer a su progreso a través del bonito y tranquilo lugar. Primero se dirigió al jardín de la cocina, en cuyas paredes los perales proyectaban complicados dibujos, y las palomas revoloteaban y se acicalaban sobre las plateadas tejas de su palomar.
Sunday, 16 December 2012
El mismo pueblo, otro mar
Correspondencia privada ha sido el libro de Esther Tusquets que necesitaba para leerlo en primer lugar, de entre todos los de su apetecible obra, puesto que yo antes de leer sus historias noveladas quería conocerla a ella, deseaba obtener una fotografía, una reproducción rápida y asimilable de su persona, y aquí son cuatro las instantáneas, tal cual el retrato warholiano de Marilyn, cuatro veces el mismo rostro disparado con una combinación de colores diferentes en cada ocasión.
Estos cuatro autorretratos son progresivos: el primero - la infancia, la familia, las raíces -, el segundo - la adolescencia, el Colegio Alemán, el profesor de literatura -, el tercero - la universidad, la infracción con su grupo social -, el cuarto - el amor y la fertilidad, la maduración personal, no exenta del reconocimiento de las limitaciones de la felicidad y del amor.
En la contraportada se nos alerta de que estas cartas combinan elementos reales y ficticios. Me resultaría a mí imposible separar lo posible de lo imposible de entre lo que he leído. Se me antoja que las cuatro instantáneas reproducen certeramente su objeto: la propia autora. Y es así que se me hace una idea muy sugerente el que la imaginación pueda aliarse con la realidad para devolvernos la imagen más fiel al meollo de nuestras vidas.
Hay quien ha dicho que se conoce casi más a un sujeto, en su autobiografía, por sus mentiras que por sus verdades, y no seré yo quen lo discuta ni quien se esfuerce por desentrañar lo cierto de lo incierto en la materia de las aventuras vitales y elucubraciones personales de estas cartas.
La autora pretende recrearse a sí misma ante cuatro espejos que pone ante sí en lo que ella considera es el ocaso de su edad adulta, "el último día del verano," el cual llega, como siempre, como, imagino, nos ha de llegar a todos, demasiado pronto y de improvisto. Cada uno de sus cuatro interlocutores en estas cartas conforma una "otredad" frente a la cual la autora se acicala, para encontrarse, para descubrirse ante sí misma y ante nosotros, sus inquisitivos lectores, satisfechos al devorar esta correspondencia que no deberíamos leer por ser "privada" con creciente fruicción.
Estos cuatro interlocutores escogidos para estas cartas le proporcionan, pues, a la escritora, un referente para la fijación de una perspectiva múltiple, a través de la cual Esther Tusquets acaba por venir a definirse mediante el sucesivo rechazo a lo que cada uno de esos interlocutores significaron en su vida. El proceso de maduración por el que al final del libro se encuentra a sí misma ha implicado la asunción de un progresivo rechazo de previos ideales, sueños, incluso ideologías, que conformaban una galería de sucesivas versiones de sí mismaque, a la vuelta de la esquina, siempre terminaron por antojársele inauténticas.
Así, finalmente, se hace posible llegar una vez más, como en su sueño más recurrente, a aquel pueblo de la costa del mismo mar de todos los veranos, al final del trayecto vital, quizás con la amargura de no haber navegado lo suficiente, de no haberse siquiera hecho a la mar, pero también con la seguridad de que a su término la vida le ha devuelto la mejor imagen de sí misma, aquel Yo incierto pero real, con la satisfacción de no haberse comprometido con ninguna, al cabo, de las cuatro imágenes anteriores, metáforas de tantas otras, cada una de ellas un escalón en el proceso de ascensión hacia el Yo, pero cada una de ellas al mismo tiempo una trampa, si se hubiese dejado seducir por el engaño que cada uno de sus cuatro interlocutores le tendía.
Saturday, 8 December 2012
Una traducción excesivamente descuidada
The Forgotten Garden de Kate Morton ha sido el primer libro cuya traducción al español he analizado. Esta actividad se ha descubierto para mí como una experiencia fascinante, pero el efecto total se ha visto incrementado por el hecho de que la traducción de The Forgotten Garden al español firmada por un tal Carlos Schroeder del que no he podido averiguar información alguna por Internet, está colmada de errores y despropósitos, algunos simples descuidos, otros de mayor gravedad. Tanto es así que el problema principal que aparece con este volumen publicado por Suma de Letras es no ya tanto que no se le haya hecho justicia a la propiedad intelectual de Kate Morton, sino que las propias gramática y sintaxis de la lengua española se han visto tan afectadas que uno se pregunta como ninguno de los más de 230.000 lectores de la novela en español parece haber puesto todavía el grito en el cielo, pues no hace falta poseer la versión original de la novela para detectar el fracaso de su rendición al castellano, ya que la ausencia de gramaticalidad y la tortuosidad de numerosas expresiones salta a la vista de cualquier lector.
Presentaré a continuación una breve aunque, espero, representativa, lista de ejemplos de fragmentos de traducción en los que no se ha respetado ni el sentido del texto en inglés ni la gramaticalidad propia del español. En primer lugar proporcionare la traducción publicada y firmada por Carlos Schroeder y en segundo mi propia traducción:
“Every so often the traffic current swept a wind-blown cluster of people inside the restaurant doors…” (Chapter 19)
a. De cuando en cuando el flujo del tráfico barría a los grupos de gente arremolinada dentro del restaurante...
b. De cuando en cuando del flujo de transeúntes se desprendía un grupo de gente azotada por el viento que era barrida hacia el interior del restaurante…
“Mr Swindell had been threatening to call the do-gooders ever since Sammy left them…” (Chapter 20)
a. El señor Swindell llevaba tiempo amenazando con llamar a las ‘benefactoras’ desde que Sammy falleciera...
b. El señor Swindell había estado amenazando con llamar a las ‘benefactoras’ desde que Sammy falleció…
“She tugged slightly at Sammy’s cap, which she was still wearing.” (Chapter 20)
a. Tironeó apenas de la gorra de Sammy que llevaba puesta.
b. Se recolocó con cuidado la gorra de Sammy, que aún llevaba puesta.
“Another set of footsteps in the hall and Rose was granted brief respite from the challenge of summoning up further pleasantries to converse with this strange, silent cousin.” (Chapter 28)
a. Un nuevo ruido de pasos en el corredor y Rose pudo recuperarse brevemente del desafío de buscar nuevos comentarios agradables para conversar con esta extraña y silenciosa prima.
b. Otro ruido de pasos en el pasillo y a Rose le fue concedida la oportunidad de un breve descanso en la ardua tarea de invocar nuevas formalidades para conversar con esta extraña, silenciosa prima.
“A thin beam of light passed through a tiny hole in the centre of a timber knot at the back of the desk.” (chapter 30)
a. Un delgado rayo de luz pasó a través de un pequeño agujero en el centro de la mesa del escritorio.
b. Un delgado rayo de luz se deslizó a través de un pequeño agujero en el centro de un nudo de madera en la parte trasera del escritorio.
“The other woman’s breath was warm as she combed the hair from Adeline’s brow, strangely comforting.” (Chaper 31)
a. El aliento de la otra mujer era tibio al rozar los cabellos de la frente de Adeline, una extraña sensación reconfortante.
b. Percibió el aliento cálido, extrañamente reconfortante, de la otra mujer mientras ésta le cepillaba los cabellos desde la raíz.
“He tossed the residue of morning tea from the mugs and dangled a fresh bag over each rim.” (Chapter 38)
a. Echó el resto del té de la mañana de las tazas y puso una bolsita nueva en cada una.
b. Vació las tazas de los posos del té de la mañana y dejó caer una bolsita nueva sobre el borde de cada una.
“She shifted the handles of her plastic grocery bag from around her wrist and scratched the red imprints they’d made.” (Chapter 40)
a. Ella intercambió las bolsas de plástico del mercado de mano y se rascó las marcas rojas que habían dejado.
b. Cambió de posición las asas de su bolsa de plástico de la compra, que se habían clavado en sus muñecas, y rascó las marcas rojas que habían dejado.
Sirvan estas frases como muestra reducida de lo que es el carácter generalmente excesivamente descuidado de esta traducción, y ojala consiguiera esta pequeña nota llamar la atención de las personas responsables y capaces de hacer que todas las necesarias correcciones se llevasen a cabo en la traducción de un libro que debería servir para satisfacer al público español, no para confundirlo.
Sunday, 25 November 2012
El sueño de una domesticidad bohemia
G. B. Shaw subtituló Heartbreak House (La casa de los corazones rotos) como "Una fantasía en el estilo ruso sobre temas ingleses," y el crítico Charles A. Berst ha diseccionado de manera excelente esta influencia rusa en la obra, que se debe por un lado a la asunción de un tono dramático que se asienta en la irrealidad de la ilusión y el sueño, a la manera de Chekhov, y, por otro lado, en lo que respecta a la carga temática, en una deuda notable a Tolstoy.
El ensayo de Charles A. Berst ("Heartbreak House: Shavian Expressionism") fue incluido por Harold Bloom en su volumen recopilatorio de ensayos sobre George Bernard Shaw para la serie "Modern Critical Views." Se trata de un ensayo crítico tan perceptivo y sutil en sus apreciaciones y en su estilo que nos hace pensar que la crítica constituye ciertamente el lado anverso de la literatura, y que toda gran obra literaria está sólo a medio terminar hasta que encuentra la plasmación ideal en un ensayo de su ethos.
Es sabido que G. B. Shaw escribía prefacios casi tan largos como sus obras teatrales, y este es casi el caso con Heartbreak House, que contiene un detallado esquema de presentación en el que Shaw se explaya sobre las predisposiciones temáticas de la obra. Por un lado están los dos grupos sociales dominantes que él identificaba en Europa en general y en Inglaterra en particular, por el otro lado, el trasfondo de la primera guerra mundial. Shaw intenta responder a esta pregunta: ¿qué tipo de sociedad ha sido responsable de la caída moral que supone la contienda? Su análisis parte fundamentalmente de Tolstoy. ¿Recuerdan aquellos salones ociosos en los que la aristocracia rusa se resguardaba de la realidad en Guerra y paz? Aquéllos son el antecedente de las salas y jardines de estas casas llenas de libros, viejos pianos y trastos, cuyas pequeñas mesitas acogen bandejitas de té a cualquier hora del día, con portalones que van a dar a jardines sólo medianamente cuidados, y lo más importante, que no contienen establos de caballos.
Para Shaw la sociedad inglesa a las puertas de la primera guerra mundial se divide en estos dos grupos: los bohemios (que moran en la Casa de los Corazones Rotos) y los equestres (que habitan Horseback Hall, o, la Mansión de los Caballos). Los "equestres" en la obra están representados por Lady Ariadne Utterword y su marido, un eficiente y poco imaginativo administrador del Imperio, que es capaz de trabajar dieciséis horas seguidas alegremente solucionando cualquier nimiedad burocrática. Por el contrario, a Hesione Hushabye, la matriarca de Heartbreak House, le encanta dormir. El sueño es en la Casa de los Corazones Rotos un ingrediente más de la vida diaria, como también lo es la hospitalidad: acogen a la neófita Ellie Dunn, que se encuentra frente al dilema de si entregarse a la Casa de los Corazoneso a la Mansión de los Caballos... y no menor importancia tiene para la familia de Shotover, el capitán de la casa - barco de Heartbreak, la inspección psicológica de todos sus visitantes.
Parece que dijeran los habitantes de Heartbreak House a sus visitantes: "¡Venid! ¡Seréis bien recibidos! ¡Pero os vamos a psicoanalizar!" Y es así que la joven pero pobre Ellie, su padre el idealista pragmático y fracasado Mazzini, y el rico y poco escrupuloso empresario que pretende a Ellie son todos diseccionados en Heartbreak House, y, finalmente, el único que termina mereciendo unánime condena es el rico estafador Mangan.
Los habitantes de la Casa de los Corazones Rotos son las clases cultivadas, adecuadas para el poder (la navegación de la casa-barco), pero han caído en el bohemianismo, en la pereza, en la neurosis, en "el sueño de una harlequinada apocalíptica" (Berst) y, los otros, los "equestres," están más que dispuestos a tomar el timón. Captain Shotover nos advierte de que el arte de la navegación también es aplicable a nuestra propia vida: "¡Navegación! Apréndela y vive; o déjala y sé maldecido."
En mi primera lectura ya identifiqué al capitán Shotover con Dios, y lo cierto es que se trata de un personaje preocupado por explicar "las maneras" de Dios. No cree en la Providencia de Mazzini. Es nuestra responsabilidad navegar corectamente por nuestra vida, así como gobernar nuestras naciones con juicio. La vida es un mar abierto en el que la naturaleza mide sus fuerzas con el hombre, y entre cuyos remolinos se revela la mano de Dios para el observador espiritualmente instruido.
Friday, 9 November 2012
"Syringa"
Este poema de John Ashbery que Elliott Carter musicó me ha sorprendido porque sólo he sido capaz de atrapar plenamente sus significados en el proceso de traducirlo. Encierra más profundidad y belleza de lo que a primera vista pueda parecer, hablando de esos misterios de lo Real en los que tan pocas veces muchos se detienen: ¿Hay alguna relación entre los hechos de la naturaleza y el Significado? ¿Cuál es la cualidad más perceptible de los hechos del pasado y cómo se relacionan con nuestro presente? ¿Es el Poeta un testigo incomparable de la Creación?... No me sorprende que Elliott Carter se quedase prendado de esta obra. En su versión musical de 1978 una mezzosoprano recita las palabras de "Syringa" mientras un un tenor canta fragmentos de textos clásicos griegos. En la foto una vista del estudio de la casa de Hudson de John Ashbery. He leído que el estilo de la casa recuerda a un cuento de hadas germánico, y lo suscribo.
A Orfeo le gustaba la alegre cualidad personal
De las cosas bajo el cielo. Por supuesto, Eurydice era una parte
de esto. Entonces, un día, todo cambió. Desgarra
Hendiduras en las rocas lamentándose. Las hondonadas, los montecillos
No pueden con ello. El cielo se sacude desde un horizonte
Al otro, casi listo para deshacerse de su plenitud.
Entonces Apolo lentamente le dijo: "Déjalo todo en la tierra.
Tu laúd, ¿para qué? Por qué darle a una sosa pavana que pocos se preocupan de
Seguir, exceptuando unos cuantos pájaros de plumaje polvoriento,
Composiciones del pasado sin vida." Pero, ¿por qué no?
Todo lo demás también debe cambiar.
Las estaciones ya no son lo que eran,
Pero está en la naturaleza de las cosas ser visto sólo una vez,
Mientras transcurren, entrechocándose con otras cosas, arreglándoselas
De algún modo. Ahí fue donde Orfeo se equivocó.
Por supuesto, Eurydice se desvaneció en la sombra;
Lo habría hecho incluso si él no se hubiera girado.
No sirve de nada quedarse ahí como una toga gris de piedra mientras la rueda completa
De la historia que se conoce destellea a su paso, mudo, incapaz de
Expresar un comentario
Inteligente sobre el elemento más complejo de su recua.
Sólo el amor permanece en el cerebro. Y algo que estas gentes,
Estos otros, llaman vida. Cantando con precisión
Para que las notas asciendan saliendo del pozo del
Difuminado mediodía rivalizando con las diminutas brillantes flores amarillas
Que crecen alrededor del borde de la cantera, encapsula
Los diferentes pesos de las cosas.
Pero no es suficiente
Simplemente seguir cantando. Orfeo lo comprendió
Y no le importó tanto que su recompensa estuviese en el Cielo
Después de que las Ménades lo hubiesen despedazado, medio
Enloquecidas por su música, cómo las transformaba.
Algunos dicen que fue por su trato a Eurydice.
Pero probablemente la música tuviera más que ver con ello, y
La manera en que la música transcurre, emblemática
De la vida y de cómo no puedes aislar una nota de la misma
Y decir que es buena o mala. Debes
Esperar a que se acabe. "El final es la coronación,"
Lo cual significa también que el "tableau"
No está en lo cierto. Pues a pesar de que las memorias, de una estación, por ejemplo,
Se combinen en una única instantánea, uno no puede guardar, glorificar
Ese momento detenido. También fluye, imperceptible;
Es una imagen de paisaje, fluido, aunque vivo, mortal,
Sobre la cual una acción abstracta se hace reposar en gruesas
Duras pinceladas. Y pedir más que esto
Es convertirse en los juncos agitados de aquel lento
Poderoso arroyo, tirando de las hierbas trepadoras
Juguetonamente, pero sin participar en la acción
Más que esto. Luego en el bajo cielo de genciana
Pequeñas sacudidas eléctricas son en un principio apenas aparentes, luego estallan
En una lluvia de llamaradas fijas de color crema. Los caballos
Han visto cada uno una porción de la verdad, aunque cada uno piensa,
"Soy una res libre. Nada de esto me está ocurriendo,
Aunque puedo comprender el lenguaje de los pájaros, y
El itinerario de las luces atrapadas en la tormenta me resulta
Perfectamente lógico.
Su lucha concluye en música tanto
Como los árboles se mueven fácilmente en el viento tras una tormenta de verano
Y está ocurriendo en las sombras de encaje de los árboles a la orilla, ahora
Día tras día."
Pero qué tarde para estar lamentándose de todo esto, incluso
Teniendo en cuenta que los lamentos se dan siempre tarde, ¡demasiado tarde!
A lo cual Orfeo, una nube azulada con contornos blancos,
Responde que estos no son, de ninguna de las maneras, lamentos
Sino simplemente una cuidada, académica rendición de
Hechos incuestionables, un inventario de piedrecitas en el camino.
Y sin importar cómo todo esto desapareció
O llegó a donde iba, ya no es relevante
Para un poema. Su tema
Importa demasiado, y no lo suficiente, de pie allí desvalido
Mientras el poema se adelantaba, su cola de fuego, un malvado
Cometa pronosticando odio y desastres, pero tan interiorizado
Que el significado, bueno o no, nunca puede
Llegar a saberse. El cantante piensa
De manera constructiva, construye su canto en pasos progresivos
Como un rascacielos, pero en el último minuto se va.
La canción es sumergida en un instante en la negritud
Que debe a su vez inundar todo el continente
Con negritud, pues no puede ver. El cantante
Debe entonces esconderse, ni siquiera aliviado
De la carga maléfica de las palabras. La estrellificación
Es para unos pocos, y llega mucho más tarde
Cuando todas las pistas de estas gentes y sus vidas
Se han escabullido dentro de las bibliotecas, de los microfilmes.
Unos cuantos aún se interesan en ellos. "Pero ¿qué me dices de
Este-y-aquél?" aún es preguntado alguna vez. Pero ellos yacen
Congelados y fuera de nuestro alcance hasta que un coro arbitrario
Habla de un incidente totalmente diferente con el mismo nombre
En cuyo cuento hay sílabas escondidas
De aquello que ocurrió tanto tiempo antes
En alguna ciudad pequeña, un verano diferente.
Thursday, 8 November 2012
Recientemente he empezado a dedicar algún tiempo a estudiar traducción y por eso procedo con más lentitud con la lectura y los comentarios en el blog: estoy leyendo dos novelas al mismo tiempo, el original en inglés y su versión publicada en español. Es una experiencia que te ofrece tanto que aprender y reflexionar sobre la lengua y sus peculiares resortes expresivos, y también a veces bastantes sorpresas.
Esta mañana he traducido un pequeño fragmento de la novela de Alan Sillitoe The Long Distance Runner y voy a compartirlo. Sólamente voy a poner mi versión en español. El original se puede encontrar entre las diez primeras páginas de la novela. Es una novela de la región de las Midlands inglesas, de los años 60, que intenta reflejar la conciencia combativa de la clase trabajadora que abunda en este condado industrial. Aunque no he leído la novela al completo, intuyo que Sillitoe pretende realizar una transposición entre el sentimiento de acorralamiento social y un cierto paranoidismo pre-esquizofrénico psicológico: un "paranoidismo social." Este tema se refleja en este fragmento y he intentado en la medida de lo posible trasladar la violencia del vocabulario al español, aunque en nuestra lengua no contamos con un "registro obrero" con caracteres tan claros como se encuentran en la lengua inglesa, y por lo tanto algunas connotaciones de clase social en el lenguaje han de perderse un poco en el proceso de traducir, aunque en la medida de lo posible he intentado mantener al menos el tono de angustia social.
Esta es mi traducción. Me gustaría encontrar la novela traducida al español y comparar mi versión con la publicada:
La soledad del corredor de largas distancias
por Alan Sillitoe, p. 8-9
…Así que la cuestión es que ellos saben que no voy a intentar escaparme: se sientan allí como arañas en aquella mansión que se cae a pedazos, encaramados como cornejas infladas en el tejado, vigilando los caminos y los campos como generales alemanes desde lo alto de sus tanques. E incluso cuando corro despacio detrás de un bosque y ellos no me pueden ya ver saben que mi cabeza de estropajo va a aparecer subiendo y bajando a lo largo de lo alto de aquel seto en una hora y que daré parte al tipo de la verja. Porque cuando en una mañana cruda y helada me levanto a las cinco y me quedo tiritando con el estómago vacío pegado al suelo de piedra y a todos los demás aún les queda una hora de sueño antes de que suenen las campanas, me escabullo escaleras abajo a través de todos los pasillos hacia el gran portalón de salida con un permiso para correr asido en mi puño, y me siento como el primer y el último hombre del mundo, ambos a un tiempo, si me quieres creer. Me siento como el primer hombre porque apenas tengo un rasguño y me lanzo hacia los campos escarchados llevando una camisita y pantalones cortos – incluso el primer triste capullo que cayó en la tierra en el medio del invierno supo cómo confeccionarse un traje con hojas, o cómo despellejar a un pterodáctilo para hacerse un abrigo. Pero aquí estoy, completamente congelado, con nada con qué calentarme excepto un par de horas de carrera de larga distancia antes del desayuno, ni siquiera una rebanada de pan y matarratas. Me están dando un buen entrenamiento para el gran evento deportivo en el que todos los duques y señoras con caras de cerdos y narices llenas de mocos – los cuales no saben cuánto suman dos y dos y acabarían haciéndoselo encima como idiotas si no tuvieran a esos esclavos a su disposición – vendrán para hacernos discursos sobre si los deportes son precisamente lo que nos conducirá a vivir una vida honesta y mantendrá las inquietas puntas de nuestros dedos alejadas de los candados de sus tiendas y de los pomos de las cajas fuertes y de las horquillas con las que abrir los contadores del gas que continen las monedas. Nos darán un pedazo de lazo azul y una copa como premio después de que nos hemos follado hasta la extenuación corriendo y saltando, como caballos de carreras, sólo que no nos tratan tan bien como a los caballos de carreras, eso es lo único.
Esta mañana he traducido un pequeño fragmento de la novela de Alan Sillitoe The Long Distance Runner y voy a compartirlo. Sólamente voy a poner mi versión en español. El original se puede encontrar entre las diez primeras páginas de la novela. Es una novela de la región de las Midlands inglesas, de los años 60, que intenta reflejar la conciencia combativa de la clase trabajadora que abunda en este condado industrial. Aunque no he leído la novela al completo, intuyo que Sillitoe pretende realizar una transposición entre el sentimiento de acorralamiento social y un cierto paranoidismo pre-esquizofrénico psicológico: un "paranoidismo social." Este tema se refleja en este fragmento y he intentado en la medida de lo posible trasladar la violencia del vocabulario al español, aunque en nuestra lengua no contamos con un "registro obrero" con caracteres tan claros como se encuentran en la lengua inglesa, y por lo tanto algunas connotaciones de clase social en el lenguaje han de perderse un poco en el proceso de traducir, aunque en la medida de lo posible he intentado mantener al menos el tono de angustia social.
Esta es mi traducción. Me gustaría encontrar la novela traducida al español y comparar mi versión con la publicada:
La soledad del corredor de largas distancias
por Alan Sillitoe, p. 8-9
…Así que la cuestión es que ellos saben que no voy a intentar escaparme: se sientan allí como arañas en aquella mansión que se cae a pedazos, encaramados como cornejas infladas en el tejado, vigilando los caminos y los campos como generales alemanes desde lo alto de sus tanques. E incluso cuando corro despacio detrás de un bosque y ellos no me pueden ya ver saben que mi cabeza de estropajo va a aparecer subiendo y bajando a lo largo de lo alto de aquel seto en una hora y que daré parte al tipo de la verja. Porque cuando en una mañana cruda y helada me levanto a las cinco y me quedo tiritando con el estómago vacío pegado al suelo de piedra y a todos los demás aún les queda una hora de sueño antes de que suenen las campanas, me escabullo escaleras abajo a través de todos los pasillos hacia el gran portalón de salida con un permiso para correr asido en mi puño, y me siento como el primer y el último hombre del mundo, ambos a un tiempo, si me quieres creer. Me siento como el primer hombre porque apenas tengo un rasguño y me lanzo hacia los campos escarchados llevando una camisita y pantalones cortos – incluso el primer triste capullo que cayó en la tierra en el medio del invierno supo cómo confeccionarse un traje con hojas, o cómo despellejar a un pterodáctilo para hacerse un abrigo. Pero aquí estoy, completamente congelado, con nada con qué calentarme excepto un par de horas de carrera de larga distancia antes del desayuno, ni siquiera una rebanada de pan y matarratas. Me están dando un buen entrenamiento para el gran evento deportivo en el que todos los duques y señoras con caras de cerdos y narices llenas de mocos – los cuales no saben cuánto suman dos y dos y acabarían haciéndoselo encima como idiotas si no tuvieran a esos esclavos a su disposición – vendrán para hacernos discursos sobre si los deportes son precisamente lo que nos conducirá a vivir una vida honesta y mantendrá las inquietas puntas de nuestros dedos alejadas de los candados de sus tiendas y de los pomos de las cajas fuertes y de las horquillas con las que abrir los contadores del gas que continen las monedas. Nos darán un pedazo de lazo azul y una copa como premio después de que nos hemos follado hasta la extenuación corriendo y saltando, como caballos de carreras, sólo que no nos tratan tan bien como a los caballos de carreras, eso es lo único.
Saturday, 8 September 2012
El capitalismo y el mito
Me he pasado casi todo agosto con La región más transparente, y no es que me haya costado leerla. Esto simplemente dice de cuán poco tiempo dispongo para leer últimamente. Mi entrada anterior en el blog se refiere a La muerte de Artemio Cruz, una novela de Carlos Fuentes que leí con anterioridad, y creo que esto fue acertado, porque así me ha permitido apreciar La región más transparente como una novela germinal, no la llamaría, por su calidad, primeriza, pero sí diría que en ella se produce un ensayo o ejercitación de una serie de temas que acabarían por tomar gran relevancia en La muerte de Artemio Cruz en particular y posiblemente en toda la obra de Carlos Fuentes en general.
Dije en mi entrada sobre MAC que pensaba que trataba sobre la interconexión entre los temas del destino y el origen. Parece que no estuve muy desacertada, pues el tema del origen es quizás el tema predominante en Región, la necesidad de crear un progreso para el individuo y la nación (un destino) que se funde sobre los cimientos sólidos de un pasado cultural perfectamente asumido, de unos principios psicológicos y vitales plenamente interiorizados.
También aparece en La Región otro tema que es destacado en MAC y también se relaciona con The Great Gatsby, una novela con la que no puedo dejar de comparar MAC y Región temáticamente. Es el tema del éxito, que en las tres novelas se ve como un valor peligroso de adquirir. Gatsby y Artemio Cruz se corrompen para alcanzar el éxito, algo parecido le ocurre a Federico Robles cuando escoge a la frívola Norma Larragoiti como esposa, y el mismo dilema sobre la cuestionabilidad del éxito es el que queda suspendido al final mismo de Región en torno al progreso en la carrera de Rodrigo Pola, el cual tampoco acaba casándose con la mujer de la que está enamorado.
Si Rodrigo Pola representa al literato profesional, contenido, Manuel Zamacona, concebido en la oscuridad del campanario de una capilla de pueblo, es la fuerza bruta del pensamiento. El origen para él es algo no dado de antemano sino en perpetuo proceso de creación. La obediencia ciega a las fuerzas telúricas lleva a los rituales de muerte que Teódula Moctezuma cree necesarios. Por otro lado, las nuevas sociedades burguesas resultado de la revolución son, además de cainitas, completamente deseosas de desentenderse de cualquier vínculo con el pasado. Todo es un futuro alcanzable: el camino dorado del capitalismo. El joven pensador Manuel Zamacona era el único personaje entregado a la sagrada tarea de realizar la ansiada síntesis, su 'pacto de sol' con México. Su incomprensible, gratuito asesinato el 15 de septiembre de 1951 confirma la desesperante vigencia del ciclo destructor de la autoflagelación de México, que podríamos enlazar con el tema más amplio de la derrota histórica hispana.
Subscribe to:
Comments (Atom)


