un blog literario escrito desde España en el que ofrezco impresiones personales y originales sobre libros que me gustan
Sunday, 6 May 2012
aprendiendo el Sur
El ruido y la furia es la típica novela que se estudia en la universidad por los aspirantes a licenciados en Filología Inglesa, y tal fue mi primera toma de contacto con ella en el invierno de 1998-1999. Una pequeña motivación personal que mantendré en secreto me impulsó repentinamente hace pocas semanas a emprender una relectura, con una distancia de trece años mediando desde la primera. ¿Qué me dijo la novela entonces y qué me ha dicho ahora?
Ya por aquel entonces cuando la leí con 21 años me agradó especialmente. Hay una cualidad en Faulkner que hace que su literatura me resulte más atractiva que la de varios de sus otros grandes novelistas americanos contemporáneos. Es lo que los anglosajones denominan ‘the sense of place’ y que podríamos traducir como ‘el sentimiento particular hacia un lugar.’ Me atraen en especial las novelas que tratan de lugares más que de la recreación de personajes o historias. Y esto tal cual es lo que ocurre en El ruido y la furia en relación a la región del Sur americano, que se reconstruye minuciosamente a través del diseño imaginario del ficticio condado de Yoknapatawpha, cuya completa extensión se va abarcando paulatinamente, novela a novela, entre el conjunto de novelas que integran esta serie. Pues bien, en El ruido y la furia se transmite la impresión de un lugar, el Sur, y esto se hace no tanto mediante la burda descripción literal de espacios físicos, aunque la sensualidad del bosque a las puertas de la casa y del pueblo de los Compson y de las diversas estaciones y cambios en el tiempo está muy marcada, y se articula en pasajes de irrepetible belleza.
Sin embargo la manera en que esta impresión de un lugar mítico para el autor, el Sur, se transmite, es sobre todo a través de las historias que les ocurren a los personajes, a esta familia venida a menos como toda su región, y especialmente a través de la manera en que estas historias familiares, estos hechos, son relatados. Es bien sabido que Faulkner bebió ampliamente de las fuentes intelectuales del Modernismo así como de las obras del Modernismo propiamente dichas: Joyce, T. S. Eliot, Bergson. Pero no tendríamos por qué pensar que Faulkner se limita a reproducir una serie de técnicas novedosas mecánicamente cuando incorpora la fragmentización temporal o el monólogo interior a sus novelas. Quizás, a su manera de ver, estas técnicas son especialmente adecuadas para representar un entorno particular, el Sur, a los ojos de Faulkner. Con esto quiero decir que no sólo el contenido argumental, sino la forma estilística de la novela, ambos contribuyen a la representación del lugar, del Sur, que es el tema de Faulkner.
Y, ¿cómo contribuye la técnica a la representación de un lugar? EL monólogo interior contribuye a la ruptura temporal porque los personajes, en especial los más románticos e irracionales, Benjy y Quentin, son derivados por medio del flujo de su pensamiento a determinados momentos y escenas del pasado, en particular de la infancia y de la adolescencia, que tuvieron una especial incidencia en sus psicologías. Las maneras en las que se producen estas desviaciones temporales son normalmente provocadas por un estímulo de carácter sensorial. Por ejemplo, para Benjy, el hermano con retraso mental, sujetar firmemente las rejas del portalón de la casa le recuerda a su idealizada hermana Caddy en su edad pre-adolescente. Un lugar, la verja, el camino que da a la casa, un contacto, una memoria, un sentimiento. Así Faulkner va creando el Sur.
Por otro lado, Quentin, el hermano obsesionado con la mancha en el honor de la familia, despierta la mañana del 2 de junio de 1910 oyendo las manecillas del reloj, entre las siete y las ocho de la mañana. En seguida recuerda que perteneció a su abuelo y fue un regalo de su padre, que se lo entregó con estas palabras: ‘Te ofrezco el mausoleo de toda esperanza y de todo deseo.’ Esta concepción del tiempo es clave para entender el Sur de Faulkner: el único propósito merecedor del tiempo es que no lo tengamos en cuenta, para así olvidarnos de luchar batallas inútiles que sólo revelarían nuestra pretensión y estupidez. El tiempo en El ruido y la furia se vive hacia atrás, pero precisamente para olvidarlo mejor de este modo. Vamos aproximándonos a una confluencia temática. Los hijos de la familia Compson todos fracasan por la misma razón, aunque cada uno en su manera particular. Los hijos de la familia Compson fracasan porque luchan. Tienen apego a la vida, a sensaciones (Benjy), a deseos (Caddy), a ideales (Quentin), a posesiones (Jason). Esta voluntariedad los destruye, pues se afanan persiguiendo cosas que no pueden conseguir. Benjy nunca conseguirá poseer el amor y el calor de su hermana Caddy. Caddy nunca conseguirá encontrar su lugar en la sociedad como esposa y madre de familia a través de la expresión de su deseo sexual. Quentin nunca conseguirá borrar el honor mancillado. Jason también fracasará en su intento de hacerse ilícitamente con el dinero de su sobrina, y en sus especulaciones en el mercado de algodón. Fracasan porque desean, quieren, tienen una voluntad que no se corresponde con la languidez de la historia del Sur. No han aprendido la lección de sus padres. La señora Compson se limita a deambular de habitación en habitación esperando a la muerte. El señor Compson advirtió a Quentin de que enterrase la esperanza, pero ninguno de sus hijos advierte esta enseñanza. Todos ansían y todos sucumben.
Hay sin embargo lugar para la luz ante panorama tan desolador. La esperanza se traslada a Dilsey, la criada negra, en
la última sección del libro, que tiene lugar el 8 de abril de 1928, Domingo de Resurrección. Dilsey sí ha aprendido a vivir sin deseo y a derivar su felicidad contenida y su sentido de su propio ser de esta actitud vital. Ella ‘sabe’ que el tiempo no discurre normalmente en la casa de los Compson. Por eso cuando el reloj da las cinco ella deduce inmediatamente que en realidad son las ocho. Su existencia, a diferencia de la de los malogrados benjamines de los Compson, es tranquila. El domingo 8 de abril de 1828 es para Dilsey un día más en su vida de no-desear. Se dirige a la cocina, se pone el mandil, enciende el fuego, prepara el desayuno, se dispone a hornear unas galletas. La cocina se calienta, los leños arden en la chimenea, el horno a punto, la harina sobre la tabla del pan. Inmersa en sus quehaceres, no puede evitar ponerse a cantar. Ha sido la única genuina expresión de felicidad en toda la novela. Ella sí que ha interiorizado la vieja lección de los Compson: el tiempo es el mausoleo de la esperanza. A Dilsey no le importa que el tiempo discurra apilando desgracias o vergüenzas, ella tiene la inmunidad de la desesperanza. Es ella quien realmente entiende lo que es vivir en el Sur. El ‘ruido’ y la ‘furia’ que experimentan los niños de los Compson no son sino el ruido y la furia de la inútil ‘voluntad.’
Sunday, 22 April 2012
El pensamiento o la vida
Esta recopilación extensa de los Diarios de Soren Kierkegaard abarca desde su cuarto año de estudios universitarios en 1834 hasta poco antes de su fallecimiento en 1855. Se trata de un documento fundamental para introducirse en el universo filosófico de este reconocidamente influyente autor. Los apuntes que Kierkegaard realizaba en sus Diarios eran más bien anotaciones de pensamientos de carácter filosófico o religioso, y raramente registraban reacciones a acontecimientos en su vida.
Una de sus primeras reflexiones es la de que en la vida de todas las personas existe un momento decisivo 'either / or' (o bien esto / o bien aquello). Se trata de definirse mediante la acción, de dar significado a la vida mediante la toma de decisión consciente de un curso vital que es 'actuación.' Nos definimos por lo que hacemos más que por lo que decimos. De aquí viene la crítica fundamental de Kierkegaard a la Iglesia establecida. Los clérigos son en su opinión 'funcionarios reales' preocupados por cuestiones de orden terrenal como su paga mensual o su vida familiar. Para él el verdadero Cristianismo está extinto, se trataría de trasladar a la experiencia la enseñanza viva del Nuevo Testamento: despojarse de todo lo material, abrazar la pobreza, retirarse del mundo y dedicarse a descubrir y propagar el mensaje de amor. Su propia manera de interiorizar este mensaje en su vida pasa por la renuncia al matrimonio con Regine Olsen. Su reflexión vital le impele a rechazar la felicidad finita del mundo. Ha de dedicarse en cuerpo y alma a la escritura de libros y a su cruzada personal contra la Iglesia. Regine pasará a convertirse para él, al rechazarla, en el sujeto idealizado de su arrebato platónico-metafísico. Durante años sólo confía su profundo amor por ella a sus Diarios. De cara al mundo y a la propia Regine finge no amarla. Este sacrificio le produce agonía y una profunda satisfacción espiritual. El motivo de su actuación es noble. Quiere que Regine le olvide y se sienta libre de rehacer su vida. El la guardará en su corazón todos esos años. Mientras, si la encuentra en la iglesia o en algún vericueto de la ciudad o en los caminos endurece el gesto o cambia el rumbo. Este fue el momento decisivo (o bien esto / o bien aquello) en la vida de Kierkegaard, y eligió renunciar al matrimonio, escribir, remover la conciencia de Dinamarca.
Su actitud intelectualmente desafiante le generó duros años de intensas persecuciones y burlas fomentadas por la prensa local, en especial la publicación de El Corsario.
Originariamente, pues, Kierkegaard consideró el matrimonio. Al tiempo también barajó la posibilidad de entrar en la Iglesia, antes de decidir entregarse a sus libros. Al tiempo que se libera de la doctrina eclesiástica oficial, Kierkegaard ahonda en la interpretación de la relación personal del hombre con Dios, que se basa en descubrir su voluntad para con nosotros y aceptarla. Ataca duramente la socialización de la cultura y de la política promovida por los movimientos revolucionarios de 1848. Su compromiso será siempre con el individuo libre, independiente, irónico. La 'personalidad' es fundamental para él. Debemos creen en algo, una idea, un sentimiento, y ese algo debe convertirse en nuestra vida.
Otro tema que le acucia constantemente es el de su perenne melancolía. Hasta cierto punto la melancolía es producto del individualismo y de la ironía, pues, 'el público,' 'la masa,' no le entiende. Se ríen de su vestimenta, de su aspecto, de su actitud intelectual desafiante, sin pararse a analizar las ideas en sus libros, ni siquiera los críticos de los periódicos hacen esto. El problema de la envidia provinciana en Copenague, una 'villa de mercaderes,' le angustia y se convierte en su cruz.
Así va transcurriendo su no muy larga vida. En sus paseos diarios da vueltas a sus ideas filosóficas y espirituales. Luego llega a su casa y escribe sin cesar, frecuentemente utilizando las mismas palabras y frases que se le habían ocurrido por los caminos. De este modo encuentra una cierta felicidad, en soledad, dedicado a la escritura y al pensamiento, tras haber interiorizado su ruptura con el mundo. La autoría es finalmente para él algo más que una elección, se convierte en un impulso vital irremediable. En ningún momento le abandona su orgullo por su contribución al pensamiento de Dinamarca, aunque frecuentemente no parece adivinar que su influencia acabaría teniendo un impacto internacional difícilmente cuestionable. Kierkegaard es un precursor temprano del modernismo y el nexo fundamental entre éste, el existencialismo y el romanticismo. Es un post-romántico, pre-modernismta, proto-existencialista. Tal es la riqueza de su contribución.
El germen del existencialismo se encuentra pues en Kierkegaard en su crítica radical al modo de vida de los sacerdotes: sus existencias vitales no manifiestan los rasgos de lo que predican en sus sermones. Urge comprometerse con la vida. Que nuestras vidas sean manifestaciones de nuestros principios, creencias, ideas. Sólo así la existencia adquiere significado, la vida propósito, la voluntad divina una representación formal, vital, contrastable socialmente. El existencialismo se origina en la necesidad de convertirse en 'alguien.' Esto tiene que ver con la prueba fundamental a la que Dios nos somete en esta vida. Se trata de tomar el camino de Dios en contraposición a los requerimientos de la sociedad. De este modo el existencialismo se relaciona con el Cristianismo. A Kierkegaard no le interesa la interpretación universalista del Cristianismo, la 'hermandad de hombres' sino su interpretación individualista. La tarea espiritual humana consiste en interpelar a Dios sobre su voluntad para con nosotros, comprenderla, interiorizarla, hacerla nuestra a pesar de los múltiples sufrimientos que se puedan derivar de esta comprensión.
Wednesday, 18 April 2012
Friday, 6 April 2012
Thursday, 16 February 2012
La biografía de Oscar Wilde escrita por Richard Ellmann es un clásico e indispensable para todo aquel que quiera conocer la personalidad y las peripecias en la vida de este famoso artista, que tomaron un giro tan desafortunado a partir de su precipitada presentación de un litigio por difamación contra el Marqués de Queensberry, el padre de su joven amante Lord Alfred Douglas.
Richard Ellmann desarrolla su labor de biógrafo con toda la elegancia que cabe esperar de un gran maestro. Al tiempo que nos proporciona una visión desapasionada aunque no falta de afecto de la vida de Wilde, Ellmann nos introduce en el meollo de los debates estéticos que tuvieron lugar a finales del siglo diecinueve, predominantemente en el contexto del Esteticismo, del que Oscar fue parangón.
Oscar Wilde trató de redefinir y regenerar su Teoría Estética periódicamente, no dudando en ocasiones en contradecirse, una inclinación que le venía fácilmente dada si consideramos la naturaleza binaria de su personalidad. Sin embargo, al final de su vida, tal y como Richard Ellmann concluye, podemos quedarnos con un mensaje fundamental, la necesidad de ‘reemplazar una moralidad de la severidad por una moralidad de la empatía.’ Y las bases en las que se asentó esta lección predominante que se deriva de su obra y de su vida se desarrollaron ya muy tempranamente, durante su tiempo de estudio en Oxford. En incluso antes, en Trinity College, Dublín, cuando descubrió el libro Studies of the Greek Poets de John Addington Symonds, en el que este autor relaciona el esteticismo con los griegos. Lo que fundamentalmente admira a Wilde es que los griegos no basaban su moral en ninguna doctrina revelada. Esto, según Symonds, les convirtió en una nación estética o esteticista.
Esta teoría del arte, de la belleza y de la vida que Wilde empieza a calibrar la consolida en Oxford. Allí contrapone a Aristóteles con Platón, pues el primero veía a su parecer el arte desde un punto de vista estético, no ético. Tal y como declararía en su ensayo ‘The Critic as Artist,’ la catarsis, esa transmutación espiritual característica del teatro – que, incidentalmente, Bertold Brecht negaría en su ‘teatro épico’ – es en la opinión de Wilde un fenómeno estético y no moral.
Wilde encuentra su precedente inmediato en Théophile Gautier, que declaró la naturaleza amoral del arte, basándose a su vez en la declaración de Kant de que el arte es desinteresado. En ‘The Critic as Artist’ Wilde sublima la contemplación. El idea es convertirse en un hombre teórico (‘Bios Theoretikos’), el soñador.
Al final de la primera parte de la biografía, ‘Beginnings,’ Ellmann nos sugiere astutamente que la doctrina de Wilde no es propiamente ‘amoral’ sino que se inscribiría en la escuela moral de tales personalidades como Blake, Nietzsche y Freud.
La mente de Oscar Wilde ebulle con todas estas ideas y él aspira a realizar la reconciliación definitiva entre los diversos presupuestos artísticos de figuras como Pater, Ruskin, Morris, Swinbourne, Symonds o los pintores pre-Rafaelitas. Si no lo logró, fue el intelectual que más cerca estuvo de ello. En el contexto cultural del siglo XIX, Wilde siente que su propia teoría hiperestética es la primera protesta contra el materialismo que trajo la revolución francesa y que habría encontrado su manifestación más contundente en los Estados Unidos. Allí se dirige con este mensaje a principios de 1882, tomando con gran seriedad su propósito de contribuir al embellecimiento de las costumbres y las maneras americanas por medio de sus conferencias, encaminadas al esfuerzo de inaugurar una nueva civilización del arte.
Allí conoció a su ídolo Walt Whitman, el cual unos años más tarde desestimó cualquier tipo de relación con el movimiento de Wilde.
Una vez que hubo llegado a la formulación de su teoría, Oscar Wilde podría haber dedicado el resto de su vida a repetirla y ejemplificarla. En lugar de hacer esto la transforma inmediatamente introduciendo un elemento ajeno, el Decadentismo, con el que toma contacto en París a su regreso de América y a través de su adorado libro A Rebours, de Huysmans. Esteticismo y Decadencia se convierten para Wilde en dos caras de una misma moneda, y la confrontación entre ambos aparecerá maravillosamente retratada en su El retrato de Dorian Gray, novela en la que Wilde hace confesión de sus impulsos contradictorios, la dualidad inherente a su naturaleza que pronto se haría manifiesta en la doble vida que empezará a llevar tras su matrimonio con la virtuosa Constance.
Esta pugna entre Esteticismo y Decadencia se convertiría en una lucha vital para Wilde. Su hogar con Constance en el número 16 de Tite Street es ‘estético’: cuatro pisos y un sótano profusamente decorados, con las paredes y los techos pintados en colores llamativos y multitud de detalles ornamentales. Constance misma empieza a interesarse por el ‘dandismo’ en el vestido. Pero en este momento álgido Wilde empieza a revolverse para destruir al maestro estético y este mismo aspecto de su personalidad. Surgen las discusiones con el pintor James McNeill Whistler, cada vez más agrias. En El retrato de Dorian Gray, Wilde mata a un pintor. Wilde está preparado para matar al maestro y abjurar del Arte por el Arte. El comienzo de su amistad con Robert Ross en este tiempo es indicativo de esta transformación en la vida de Oscar. Si su vida matrimonial era una celebración de la Estética, el comienzo de sus relaciones con hombres homosexuales inclina la balanza a favor de la Decadencia. Pronto para él la Degeneración será la única regeneración posible.
Precisamente Oscar Wilde conoce a Lord Alfred Douglas a partir de la publicación de Dorian Gray, libro del que Douglas era entusiasta. Y este joven acabaría viéndose a sí mismo como el instrumento del destino encargado con la misión de provocar la ruina de Wilde, lo cual consigue al involucrarle en la desdichada batalla legal por difamación. En prisión sufrió horriblemente, sobre todo al principio, antes de ser transferido a Reading, donde se le permitiría ocuparse del jardín y leer, y, finalmente, escribir su De Profundis, una carta de amor a Lord Alfred Douglas llena de reproches pero en la que no es enteramente capaz de repudiarle. Wilde aprende a ser humilde, pero se resiste a reconocer ninguna culpabilidad en sus relaciones con hombres. Declara la injusticia de las leyes que le condenaron.
La única composición creativa que sería capaz de producir tras su paso pro prisión, en el exilio, fue la Ballad of Reading Gaol, de la que se venderían gran número de copias. Pero su vida está rota. Se establece en una villa francesa llamada Berneval, desde donde espera a que Constance acceda a una reconciliación, pero ella se toma demasiado tiempo para tomar su decisión y Oscar finalmente regresa con Lord Alfred Douglas. Pasan juntos un tiempo en Nápoles pero pronto se separan porque si siguen juntos se arriesgan a perder sus sustentos. Además, Alfred parece haber perdido interés una vez que Oscar ha caído. Empobrecido, rechazado e ignorado por muchos que se acercaron a él en tiempos mejores, Oscar Wilde muere entre terribles agonías, en opinión de Ellmann por las complicaciones de una sífilis contraída en su juventud. Su amigo más leal, Robert Ross, le acompañó en sus últimos momentos y se preocupó de que recibiera el Sacramento, pero Douglas no estuvo allí.
En su crítica en el New York Times del 8 de febrero de 1988, Christopher Lehmann-Haupt declara que en su opinión las descripciones de la crítica estética de Wilde en la primera parte del libro se hacen tediosas. Sin embargo a mi parecer los análisis de la teoría e ideas de Wilde en sus primeros años son brillantes y por lo tanto me he detenido en rememorar estas nociones detenidamente en esta reseña. En mi opinión estos pasajes podrían proporcionar al estudiante interesado un muy propicio punto de partida desde el que abordar un estudio completo de la compleja teoría estética de renombrado dramaturgo y autor.
Saturday, 21 January 2012
Té muy al caer de la tarde
Saturday, 3 December 2011
una mujer alcanzada por un pasado confuso
Algo más inesperado que la muerte es la primera novela de Elvira Lindo que he leído. ¿Me ha gustado? Pues sí, sí, la he disfrutado mucho. Especialmente el principio y el final. La novela creo tiene tres partes claras. En la primera parte conocemos a la protagonista, Eulalia, una mujer sofisticada que se casó con un escritor famoso treinta años mayor que ella. Llevan una vida social aparentemente envidiable, dan frecuentes cenas literarias, conocen a todas las personas más relevantes en Madrid... pero no tienen realmente amigos. Ni siquiera su relación personal justifica el inicial boyante optimismo vital de Eulalia. La realidad es que ella se acuesta con su secretario Jesús Mora.
La primera parte me recordó un poco a la escena inicial de Mrs Dalloway de Virginia Woolf: una mujer bien colocada socialmente en anticipación de una fiesta que prepara en su casa. Se mueve por la ciudad realizando sus preparativos cuando recibe una inesperada llamada telefónica en su móvil y se trata de su criada, que le urge que vaya a verla porque tiene algo importante que comunicarle. Después de este interesante prólogo que nos deja un poco en ascuas porque queremos saber qué es eso tan importante que Eulalia ha de saber, llega la parte central, un largo flashback en el que nos retrotraemos a momentos importantes en la vida de la familia de Eulalia que nos ayudan a conocerla mejor. Durante este paréntesis se mantiene nuestro suspense durante la narración de determinadas peripecias que de un modo u otro vienen a ilustrar las pequeñas precariedades e inseguridades en la vida de Eulalia. Pero luego llega la parte final, que es demoledora en su humor y porque proporciona un giro de los eventos totalmente inesperado. Y esto es lo que es revelado por Tere, la criada, a Eulalia en su piso cuando ella finalmente llega a verla en el barrio de San Blas.
Muchos otros temas han aparecido de fondo entre tanto. El tiempo en el que se desarrolla uno de los flashbacks es el de los primeros años de la transición a la democracia. En el Madrid de entonces los perfiles políticos parecen desdibujarse. Los antiguos trazos de fascismo parecen desaparecer como por arte de magia, los que eran comunistas se convierten en pequeños burgueses, repentinamente interesados por encontrar su lugar en una ciudad nueva, donde aparece una cultura subvencionada por el triunfador socialismo. La propia Elvira, antigua 'simpatizante' comunista, novia de un comunista afiliado, acaba de presentadora de Radio Nacional y luego de 'viuda de escritor reconocido,' pero con una historia de chantaje y engaños que oscurece tan refulgente estatus.
En una historia con tanto humor es difícil discernir hasta qué punto llega la ironía en la representación. Los temas políticos principales aparecen sugeridos, no profundizados. Por ejemplo, una lectora de mi edad, alguien que vivió su infancia en la Transición, cabría preguntarse: ¿Realmente fue tan natural el cambio como se nos ha hecho parecer oficialmente? Por ejemplo, los antiguos comunistas perdieron la fe en su ideario porque la democracia les ofrecía nuevas oportunidades personales o fue una cuestión intrínseca de decadencia del propio partido? Algo más inesperado que la muerte es una novela entretenida, divertida, y que sugiere preguntas sin responderlas del todo.
Friday, 2 December 2011
un narrador maestro y su épica del rock and roll
Me hice con esta novela en un puesto de libros de segunda mano en la ciudad de Cambridge en junio de 2001. Había sido publicada dos años antes, al final de la década de los 90, en 1999. En muchos sentidos es ciertamente una novela de la culminación de los 90. El World Trade Center es mencionado en un par de ocasiones, sigue estando ahí, y la América que se nos describe es una América que aún se puede relatar en tintes épicos. Es todavía una tierra de oportunidad y promisión. Es el lugar en el que los soñadores y artistas del mundo van a hacerse grandes y libres.
Ciertamente, hay pues en la novela una narrativa de lo americano que ya parece ampliamente desfasada tras los tumultos de estos últimos diez años de crisis económica, guerras y terrorismo. En lugar de alinearse dócilmente en las tiendas de discos para devorar y construir sus mitos, los jóvenes americanos están protestando por su propia marginalidad en ‘el Sueño.’ Ya no son los fans embelesados que idealizan a las estrellas del rock y enloquecen por ellos. Ahora son conscientes de que forman parte de un 99% precario y de que pueden unirse, ‘ocupar,’ y reclamar su inclusión en la épica americana, si es que ésta aún existe.
Así pues, The Ground Beneath Her Feet es la historia de amor y éxito de dos estrellas del rock de origen indio, que desarrollan una carrera fulgurante en Estados Unidos. El narrador es una observadora tercera persona, un fotógrafo también indio que se llama Ameed Merchant, o ‘Rai.’ Rai es testigo de excepción de la historia de Vina Apsara y Ormus Cama, desde que en una playa de Bombay un día conoce a una adolescente Vina que acaba de llegar de América y por la que se siente inmediatamente fascinado. En Bombay, ‘Wombay’ para Rai debido a que sus padres están obsesionados con el desarrollo urbanístico de la ciudad, Ormus y Vina se conocen en una tienda de discos y ahí comienza su historia de amor, que les trasladará a través de continentes e increíbles peripecias personales, algunas sitas en este mundo, otras ‘entre-mundos,’ hasta la final consumación de su amor más allá de las fronteras del mundo conocible.
Porque Ormus fue consciente durante toda su vida de la coexistencia de dos mundos dentro de su misma realidad: el mundo que todos comparten y el otro mundo, el habitado por su hermano gemelo muerto Gayomart, el cual le inició en la música al susurrarle en su cabeza las canciones que pertenecerían al futuro. Esto es, el rock’n’roll.
Cuando Ormus viaja de India a Inglaterra en un avión para iniciar su carrera por sí mismo, es consciente de que el espacio que separa al Este del Oeste es como la fina membrana que separa este mundo del ‘otro-mundo,’ el que su hermano Gayo le revela en sueños. Al aterrizar en Inglaterra se da cuenta perfectamente de que el suelo no es enteramente sólido bajo sus pies. El índice de fiabilidad de este mundo es tan bajo como el del otro. Quizás de ahí vendrá su interés en componer canciones sobre terremotos, como 'Shakerquaker.' Temas extrañamente proféticos que se volverán contra él cuando en los ochenta una epidemia seísmica en todo el mundo acabe culminando en el gran terremoto mejicano del 14 de febrero de 1989 en el que Vina perdería la vida.
¿Podrá el amor de Ormus y Vina superar las vicisitudes de la contraposición de esta multiplicidad de mundos violentamente confrontados? Porque no se trata tan sólo de este mundo de Ormus y del otro mundo de Gayo, del mundo de los muertos. En varios momentos de la narración Rai nos alerta sobre la probabilidad de la existencia de una multiplicidad de realidades. Quizás, cada vez que se abre una oportunidad de tomar una elección frente a nosotros, esto es, un borgiano ‘camino bifurcado,’ lo que realmente ocurre es que mundos paralelos surgen en universos alternativos en los que ‘copias’ de nosotros mismos se dirigen por el camino que nosotros no tomamos. ¿Puede esto ser real? Y si lo es, ¿cuál de estos mundos y de estas versiones de nosotros mismos sería la verdadera?
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